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Con la mirada y el corazón en aquellas que se entregan cada día a rezar por todos

Publicado:
5 junio, 2020

En el calendario litúrgico de este año —afectados por la crisis del «coronavirus» y sus consecuencias— la Iglesia celebra la solemnidad de la Santísima Trinidad este próximo domingo, 7 de junio, festividad escogida para la Jornada Pro Orantibus en la que la Iglesia reza por las personas consagradas en la vida contemplativa. En esta ocasión, bajo el lema «Con María en el corazón de la Iglesia» agradecemos su mediación orante, especialmente volcada en este tiempo de pandemia con iniciativas de oración común intercongregacionales con la elaboración de mascarillas.
Con este motivo, agradecemos a Dios esta forma de consagración que necesita la Iglesia. Igualmente, reiteramos nuestra estima y nuestro compromiso para conocer mejor la vocación contemplativa que nos acompaña y a la que queremos acompañar en el corazón de la Iglesia y de cada persona bautizada.
«Con María en el corazón de la Iglesia» es el lema de 2020. La Virgen María y la Iglesia constituyen el marco para la vida consagrada en España este año. Por ello, en la Jornada de la Vida Consagrada del pasado 2 de febrero la consigna fue «La vida consagrada con María, esperanza de un mundo sufriente». Entonces contemplábamos a María como modelo de esperanza para todos los consagrados que tratan de ser cercanos a tantas realidades de nuestro mundo marcadas por el dolor; ahora, María se nos ofrece como signo para la vida consagrada contemplativa, que está llamada, como ella, a habitar el corazón del cuerpo místico de Cristo, de la Iglesia que, con amor materno, acompaña a sus hijos e hijas en todo momento, pero sobre todo en la desgracia.
La vida contemplativa en Huelva
De modo especial, la vida contemplativa es la forma de consagración privilegiada por la que casi medio centenar de mujeres, de las 260 religiosas de órdenes, institutos y sociedades apostólicas presentes en nuestra diócesis, han dejado la vida según el mundo, buscan a Dios y se dedican a Él, no anteponiendo nada al amor de Cristo y buscándolo especialmente en el trabajo y la oración.
La Diócesis de Huelva cuenta con el don de la vida contemplativa presente en cinco comunidades: las Madres Agustinas y las Hermanas Oblatas, en Huelva capital, las Carmelitas de la Antigua Observancia de Villalba del Alcor y Aracena, y, finalmente, las Carmelitas maravillosas de Cumbres Mayores.
Hermana Asunción García (Oblatas de Cristo Sacerdote- Huelva)
«Necesitamos una fuerza y una energía que no depende de nosotros mismos, que la tenemos que recibir y esa fuerza nos viene por la fe en Cristo y de Dios por la oración. Esa es nuestra función en la Iglesia: nosotras asumimos la misión de rezar, no porque los otros no sepan, no quieran o no puedan rezar, que lo hay, sino porque no pueden dedicarse plenamente a ello y nosotras asumimos ese papel para que descansen en nosotras».
Hermana María del Carmen del Toro (Carmelitas de la Antigua Observancia- Villalba del Alcor)
«Que la Iglesia dedique una jornada a orar por los que oran, día Pro Orantibus, es un gesto precioso que, sin duda, multiplica la gracia y la hace más eficaz, si cabe, en favor de todos. Nos emociona que nuestra vida entregada a la fe gratuitamente, dedicada exclusivamente  a bombear el corazón de la Iglesia con la oración constante, se vea este día apoyada y sostenida por la oración de toda la Iglesia, porque estamos convencidas de que la comunión es la verdadera savia que fecunda todo este misterio que nos sobrepasa, pero que pasa a la vez por nosotras. Son las cosas de Dios. Nosotras agradecemos mucho la oración de todos y, al mismo tiempo, rezamos para que estas gracias que llegarán a nosotras den fruto del ciento por uno en la Iglesia y en la vida de cada uno».
La especial ayuda de las contemplativas durante la pandemia
Desde el comienzo del estado de alarma a causa de la pandemia COVID-19, nuestras contemplativas han estado especialmente activas, no sólo multiplicando su oración por los enfermos, difuntos y sus familiares, por los responsables políticos y fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, por los sanitarios y por todos los profesionales que, de algún modo, han sostenido esta situación crítica y, en fin, por toda las familias confinadas en casa. Unidas en redes de oración intercongregacionales, han respondido a diversas iniciativas, especialmente a través de las redes sociales, para hacer llegar a todos el impulso y ánimo de sus vidas orantes.
Las hemos visto afanadas en la confección de mascarillas y equipamiento, como el caso de las Madres Agustinas que pusieron una impresora 3D con la que cuentan en el Colegio Santa María de Gracia para talleres extraescolares a disposición para la elaboración de viseras para sostener las pantallas de acetato que nos hemos acostumbrado a ver en centros sanitarios, oficinas  y comercios.
Especial significación ha tenido la paradoja que ha vivido la comunidad de Oblatas de Cristo Sacerdote de Huelva que, a causa de una intervención prevista por una de las hermanas en el hospital, resultaron infectadas por el virus. Ellas que viven un confinamiento voluntario a causa de su consagración, han tenido que sufrir una doble clausura en sus “celdas” individuales, limitando ampliamente la vida comunitaria. Peor aún, han vivido en sus carnes la pérdida de dos de sus hermanas: María Luz y María del Pilar, esta última superiora de la comunidad y que, tras su fallecimiento, hemos conocido su ejemplar testimonio durante la convalecencia y momentos finales de su vida.

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