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VI Domingo de Pascua

Publicado:
19 mayo, 2022
Imagen: Detalle del Espíritu Santo en la vidriera del Trono de San Pedro. Bernini (1600). Basílica de San Pedro, Ciudad del Vaticano.

«El regalo de su Paz»

Estamos en el Sexto Domingo de Pascua. La liturgia de la Palabra de hoy nos  prepara para la venida del Espíritu Santo, que es “la memoria viva” de Jesús. El Espíritu Santo vivifica a Jesús en nosotros. Y con un Dios vivo en el corazón, todo cambia, todo tiene sentido, todo se llena de paz. Con un Dios vivo en el corazón, cada creyente se convierte en un cielo en la tierra. Abrámonos al Dios de la paz, al Dios que quiere venir a vivir en nosotros.

Abramos nuestro corazón a su Palabra que es viva y eficaz,  es la que nos posibilita para amar y ser morada de Dios. Un Dios que se nos regala no para retenerlo y sentirnos seguros, se nos da para poder entregarnos y ser sus testigos. La Palabra, si la acogemos y escuchamos de verdad tiene que movilizar nuestro corazón y ponernos en marcha para ser testigos del amor. Un amor que se prueba en obras de servicio y disponibilidad en la misión. Teresa de Jesús, maestra de vida espiritual nos dirá en la cumbre de sus séptimas moradas: ”Obras quiere el Señor” .

En estos tiempos inseguros, inciertos y violentos en muchos lugares y situaciones, Jesús viene a regalarnos SU PAZ, no una paz como nos la da el mundo, la paz de Jesús nos posibilita para enfrentarnos a las dificultades y acontecimientos de la vida cotidiana que no esperábamos, que no tenemos controlados, que pueden superar nuestras seguridades y planes. Su paz nos fortalece y nos abre el corazón a la confianza y a buscar en todo su voluntad.

Dejemos que Teresa de Jesús nos hable desde su experiencia de  la verdadera Paz:” “…vengamos a lo que vos pedís, que es aquella santa paz, que hace aventurar al alma a ponerse a guerra con todos los del mundo, quedando ella con toda seguridad pacífica! ¡Oh, qué dicha tan grande será alcanzar esta merced! Pues es juntarse con la voluntad de Dios, de manera que no haya división entre él y ella, sino sea una misma voluntad, no por palabras, no por deseos, sino puestos por obra…”

Los apóstoles hubieran querido retener por siempre a su Maestro. Pero Jesús, a punto de irse al Padre, les promete su Espíritu que permanecerá con nosotros para siempre.

 Abramos nuestros corazones para ir preparándonos a la promesa , siempre fiel de nuestro Maestro: ”Os enviaré mi Espíritu, no os inquietéis …Su Palabra nos invita a vivir en la acogida y apertura, nos invita “guardar estas palabras en el corazón” como María.

Mª del Carmen Sánchez, Stj. · CONFER Huelva

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