Los Equipos de Nuestra Señora del sector de Huelva celebraron los días 11 y 12 de abril su tradicional Encuentro de Parejas y Matrimonios en el Santuario de la Cinta, un entorno lleno de serenidad que favoreció la reflexión, el diálogo y el compartir fraterno.
Fue un fin de semana dedicado a renovar la mirada sobre el amor y el compromiso en el matrimonio. Desde el inicio, se respiró un ambiente de cercanía y alegría, donde cada pareja tuvo la oportunidad de compartir sus experiencias, emociones y aprendizajes.
Uno de los temas centrales fue el proyecto de pareja, entendido como ese camino común que se construye día a día con diálogo, respeto y esperanza. Se profundizó también en el valor del sacramento del matrimonio, recordando que este vínculo va más allá de lo humano: es un reflejo del amor fiel y generoso de Dios.


Durante el encuentro se abordaron los cinco lenguajes del amor, un tema que despertó gran interés y participación. Muchos descubrieron nuevas maneras de expresar cariño y fortalecer la comunicación. La reflexión sobre la educación de los hijos también ocupó un espacio importante, destacando el papel fundamental de los padres en la transmisión de valores y en la formación afectiva de la familia.
En el encuentro se destacaron dos dinámicas especialmente significativas: una primera, centrada en la relación de pareja, donde se abordó cómo pueden surgir discrepancias y conflictos; y otra orientada a los valores, en la que cada miembro expresó públicamente un valor que admira en el otro. Este momento de sinceridad generó emoción y lágrimas, pero sobre todo renovó el sentido de unión y gratitud.


La Eucaristía de clausura, celebrada por el sacerdote Juan Manuel Arija, de los Equipos de Nuestra Señora, puso el broche espiritual al encuentro. En ella se subrayó la belleza del “tercer hilo”: Dios, presente en la relación conyugal, quien fortalece el amor y da sentido al caminar compartido. Al final, se realizó la entrega de certificados del curso prematrimonial, símbolo del proceso vivido con compromiso y apertura y que acredita la formación de la pareja en el sacramento.
Más allá de las palabras, lo que quedó fue una certeza común: el matrimonio no está llamado a vivirse en soledad, sino en comunidad, acompañándose de otras parejas y de la experiencia de fe que las une. El encuentro fue, en suma, una celebración del amor que busca crecer, comunicarse y permanecer.
Matrimonio Andrés Degrado y Mª Carmen Alillo





