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El obispo preside la Santa Misa por el aniversario de la dedicación de la Santa Iglesia Catedral de Huelva

Publicado:
12 febrero, 2024
El domingo 12 de febrero de 1977, el tercer Obispo de Huelva, Mons. Rafael González, dedicó la S. I. Catedral de Ntra. Sra. de la Merced y desde entonces se celebra esta efeméride.

Este lunes, 12 de febrero, en la Seo onubense se ha celebrado la solemnidad de la Dedicación de la S. I. Catedral. Con dicho motivo, a las 12.00 horas, nuestro Obispo, Monseñor Santiago Gómez Sierra, ha presidido la Santa Misa Estacional concelebrada por los canónigos de la Santa Iglesia Catedral, los cuales después han mantenido un almuerzo para aumentar los lazos de comunión y fraternidad entre los miembros del Cabildo Catedral.

Monseñor Santiago Gómez Sierra, en su homilía, ha querido resaltar la importancia de la dedicación del templo para la Iglesia Católica. A continuación puede leer de manera íntegra la homilía:

“La Diócesis de Huelva celebra hoy, 12 de febrero, la fiesta litúrgica de la Dedicación de la Santa Iglesia Catedral de Huelva en el aniversario de su consagración, que hizo Monseñor Rafael González Moralejo el 12 de febrero de 1977, tras la restauración que sufrió el edificio a causa de los daños sufridos en el terremoto de 1969.

Esta fiesta litúrgica, solemnidad en la S.I. Catedral, aunque no goce de la atención popular, viene a recordarnos la importancia que la dedicación del templo tiene para la Iglesia católica.

El calendario litúrgico universal nos invita a celebrar la dedicación de los templos que son referencia para toda la cristiandad. Basta recordar la celebración, por de la Dedicación de la Basílica de Letrán, 9 de noviembre, la catedral del Papa; la Dedicación de las basílicas de los santos Apóstoles Pedro y Pablo, 18 de noviembre; o las fiestas de la Santísima Virgen y de los Santos cuya fecha se hace coincidir con el día de la dedicación de una Iglesia construida en su honor.

Porque la catedral es signo de aquel templo nuevo que Jesucristo ha construido con su muerte y resurrección.

Según el evangelio de Juan, la purificación del templo tuvo lugar durante la primera Pascua de Jesús, al principio de su actividad pública. Jesús recuerda aquella palabra del profeta Jeremías: «Habéis hecho de mi casa una cueva de bandidos» (cf. 7,11). Jeremías lucha por defender la necesidad de unir el culto con una vida justa delante de Dios; y denuncia una falsa seguridad que parecía proporcionar el templo, según la cual Dios debería defender el templo al margen de la vida moral del pueblo. Contrariamente a esta convicción el profeta afirma que un templo que se ha convertido en una «cueva de bandidos» no tiene la protección de Dios.

Jesús combate de nuevo la misma situación de los tiempos de Jeremías. En este sentido, tanto su palabra como su gesto son una advertencia en la que se hace alusión a la destrucción de este templo.

Pero, como Jeremías, tampoco Jesús es el destructor del templo. No es Jesús quien destruye el templo; lo abandonan a la destrucción quienes lo convierten en una cueva de ladrones, como había ocurrido en los tiempos de Jeremías. En Juan, la verdadera palabra de Jesús se presenta así: «Destruid este templo y yo en tres días lo levantaré» (2,19).

Sin embargo, Jesús sí que levantará un templo nuevo con su cruz y resurrección. El rechazo a Jesús, su crucifixión, significa al mismo tiempo el fin de este templo. Llega un nuevo culto en un templo no construido por hombres. Este templo es su Cuerpo Resucitado. Él mismo es el nuevo templo de la humanidad.

Los discípulos han reconocido en Jesús el verdadero celo por la casa de Dios que lo lleva a la Pasión, a la cruz. Jesús ha establecido definitivamente el criterio para el verdadero celo, el celo del amor que se entrega. El cristiano ha de orientarse por este celo.

Así se apunta ya al nuevo templo que El ha venido a edificar. Este es el templo espiritual, que se edifica en las almas y que resplandece por la gracia divina, según dice el Apóstol Pablo: “Vosotros sois templo de Dios vivo” (2 Co 6. 16)”. La liturgia y la vida van unidas, el culto y la caridad han de resplandecer en la comunidad cristiana.

La Catedral es el espejo donde se tienen que mirar todas las asambleas litúrgicas de la Diócesis:

por el cuidado especial a la celebración de la liturgia;

por la oración hecha en nombre de la Iglesia y de todos;

por el cuidado en ofrecer el sacramento de la Penitencia;

Ese es el cometido del Cabildo que tiene la misión de hacer presente a la Iglesia local que ora incesantemente, que alaba a Dios y que celebra sus grandezas en la liturgia.

Termino con la palabras que pronunciara Monseñor González Moralejo en la Misa de la dedicación en 1977: “celebrar esta fiesta de la consagración del templo catedralicio (…) no es un simple hito histórico y externo, un mero acontecimiento visible, sino que se ennoblece por su significado interior y exige de nosotros una respuesta de fe, de vida cristiana. El templo es casa de oración, lugar de reencuentro con Dios”.

Solemnidad de la Dedicación de la Santa Iglesia Catedral de Huelva

El 12 de febrero de 1977, el tercer Obispo de Huelva, Monseñor Rafael González Moralejo, dedicó la Santa Iglesia Catedral de Nuestra Señora de la Merced con solemne rito, en el que asperjó los muros del templo, ungió el altar y las cruces de los muros, quemó incienso sobre el altar y la iglesia se llenó del humo y fragancia de los incesarios, se iluminó el templo y se celebró solemnemente la Eucaristía, presidiéndola el Obispo, asistido por el Cabildo Catedral.

Como se recoge en el nº 26 de las prenotandas del Ritual de la Dedicación: «Para manifestar la importancia y dignidad de la Iglesia particular, se celebrará cada año el día aniversario de la dedicación de su iglesia catedral (…). Conviene que en este día aniversario el obispo concelebre la eucaristía en la iglesia catedral con el capítulo de los canónigos o el consejo presbiteral y con la mayor participación posible de fieles .»

La Iglesia madre es el espejo donde han de mirarse todas las iglesias de la diócesis, debe ser el modelo de las celebraciones litúrgicas. En ella, diariamente, por el Cabildo Catedral, se celebra la Misa Coral o Capitular unida a la oración de Laudes. De esa manera, este colegio o comunidad de presbíteros, hace presente en la diócesis a la Iglesia que alaba al Dios desde que sale el sol hasta su ocaso. En la Catedral tienen lugar las asambleas litúrgicas más importantes de la diócesis, las órdenes sagradas, las celebraciones más destacadas del año litúrgico. Allí, destacada en el coro, está la cátedra del Obispo, desde la que, como Maestro y Pastor, enseña y anima a la comunidad diocesana, y desde la que nos preside en la caridad. Allí, en el presbiterio, está preparada la doble mesa que el Señor nos prepara: la de la Palabra y la del banquete eucarístico.

Como nos recuerda el nº 1 de las prenotandas del Ritual: «Cristo, por su muerte y resurrección, se convirtió en el verdadero y perfecto templo de la nueva Alianza y reunió al pueblo adquirido por Dios. Este pueblo santo, unificado por virtud y a imagen del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, es la Iglesia, o sea, el templo de Dios edificado con piedras vivas, donde se da culto al Padre con espíritu y verdad. Con razón, pues, desde muy antiguo se llamó «iglesia» el edificio en el cual la comunidad cristiana se reúne para escuchar la palabra de Dios, para orar unida, para recibir los sacramentos y celebrar la eucaristía».

En este templo catedralicio de Ntra. Sra. de la Merced, primero de todos los templos de la diócesis, podemos entrar con fe y piedad, con la devoción de hallarnos en el lugar donde el Obispo realiza de forma especial su misión de santificar, enseñar y regir al Pueblo de Dios que camina en Huelva. Como hiciera Jacob, podemos decir: «Realmente el Señor está en este lugar y yo no lo sabía». Y, sobrecogido, añadió: «Qué terrible es este lugar: no es sino la casa de Dios y la puerta del cielo» (Gn 28, 17).

Juan Bautista Quintero Cartes
Secretario Canciller

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