En la reciente Vigilia de Oración con los Jóvenes en París, una joven interpeló al Santo Padre con la cita de san Pablo: «Para mí la vida es Cristo» (Flp 1,21), a lo que el Papa León le respondió con estas palabras: «La vida cristiana es un camino de santidad recorrido hasta el martirio».
La palabra mártir proviene del griego, significa “testigo”. En la actualidad, tenemos una multitud de mártires que han derramado su sangre por Cristo, de los cuales, un grupo de nuevos beatos están vinculados directamente con la provincia de Huelva.
Pero la Iglesia también habla del “martirio blanco”, para referirse a una forma de entrega de la vida y sufrimiento por la fe sin llegar al derramamiento de sangre. Son aquellos santos que siguen a Cristo pobre, humilde y cargando con su cruz.
De la Sierva de Dios Madre Luisa Sosa podemos decir que fue una auténtica mártir, es decir, testigo de Jesús Nazareno. Toda su vida estuvo íntimamente unida al Nazareno, arraigada en Cristo:
«Nazareno de mi alma
vida de la vida mía
sólo encuentro paz y calma
si estás a la vera mía…»
En artículos anteriores hemos hablado en profundidad de algunos aspectos de su vida, que ahora podemos resumir brevemente en los siguientes puntos:
- Renunció a bienes, comodidades o prestigio por seguir a Cristo:
«Yo me sentía feliz en medio de tanta pobreza porque pensaba que, no teniendo nada de nuestra parte, el Señor se vería más obligado, puesto que aquello lo quería Él. Y además, no podíamos envanecernos de nada, pues nada aportábamos. Había de resplandecer forzosamente Su Misericordia Infinita».
- Aceptó persecuciones, humillaciones o incomprensiones a causa de la fe:
«¡Benditas críticas! ¡Benditos mis enemigos, que luego casi todos fueron amigos! ¡Cuánto bien me hicieron!»
- La enfermedad y el sufrimiento fue una constante a lo largo de su larga vida, en circunstancias extremas, que aceptó por configurarse con Cristo, ofreciéndolos a Dios para salvar almas:
«Debajo de una corona de espinas no puede haber miembros regalados».
- Su constante y heroica caridad, que el Venerable D. José María García Lahiguera calificó de «Magno caritatis spiritu».
«Queremos llevar, con la ayuda material, un poco de consuelo a las almas atribuladas para que estas, agradecidas, vuelvan sus ojos a Dios, lo amen y se conviertan».
«Que, como tenemos en las reglas, jamás nos llegue un clamor de socorro que no sea al punto atendido en la medida de nuestras fuerzas, procurando siempre hacer lo más. ¡Lo más! Pero lo más en todos los aspectos. El aspecto material y el aspecto espiritual. Socorriendo, escuchando, comprendiendo, siempre amando, sufriendo en silencio y con la sonrisa en los labios, abierto de par en par nuestro corazón a las angustias y a los gemidos de nuestros hermanos».

Los santos son faros de luz que atraen a la Iglesia a los demás. Dios se hace presente en los santos, que son testigos de su Misericordia.
«Cada santo es una misión; es un proyecto del Padre para reflejar y encarnar, en un momento determinado de la historia, un aspecto del Evangelio» (Gaudete et exultate 19)
La Sierva de Dios Madre Luisa es testigo y apóstol de Jesús Nazareno, que nos hace presente que Jesús está cerca, cerquísima de los que sufren.
Celia Hierro Fontenla
Postuladora de la Causa de beatificación
y canonización de la Sierva de Dios Madre Luisa Sosa




