Para la Pastoral Penitenciaria, para sus voluntarios, ha supuesto un duro golpe este periodo de confinamiento que estamos sufriendo. Ha significado una ruptura con la labor que día a día estábamos haciendo en el Centro Penitenciario. Ya no son posibles las visitas que se hacían y las comunicaciones que mantenemos con los internos. Ese contacto semanal supone una ventana que se les abre hacia la sociedad y que, poco a poco, los va preparando para la inserción social e incorporación a la vida extracarcelaria. Y sabemos que ellos lo estarán echando de menos. También a los voluntarios les cuesta este paréntesis, ese corte de la comunicación que ha supuesto el aislamiento por la pandemia.
A partir del 13 de marzo ha surgido la preocupación en muchos de los voluntarios del ambiente que supone la nueva situación, ya que los internos viven un doble confinamiento. Por un lado, el propio de una situación carcelaria y, por otro, el añadido del causado a consecuencia de la virasis.
Por distintos medios nos hemos podido enterar de cómo dentro de la cárcel no se han producido situaciones de la enfermedad, ni se han dado casos de positividad al virus. Sabemos que es la situación de un ambiente tranquilo pero monótono, ya que toda la vida la hacen dentro de los módulos al haberse suspendido cursos, clases y todas las demás actividades no esenciales.
Solo los internos que hacen labores imprescindibles han podido salir de los módulos donde están recluidos. Es el caso, por ejemplo, de los panaderos, cocineros, servicios de averías urgentes, etc.
Por otra parte, en el grupo de los voluntarios se ha generado una actividad diferente en favor de la cárcel. Por medio de las redes sociales el grupo se comunica vivamente. Las circunstancias han obligado a utilizar este medio, consiguiendo que la unión, la comunicación, el vivir las preocupaciones por los internos…, estén muy activas. Muchos de los voluntarios se han especializado en la fabricación de mascarillas, mientras que otros han conseguido realizar labores de recogida y distribución de los materiales necesarios. El resultado final ha sido el envío que se efectuó al Centro de La Ribera y que lo pudo llevar nuestro capellán, el Padre Emilio Rodríguez Claudio.
Todos estamos a la espera del final de esta situación y, dado que la posibilidad de poder volver a entrar en la cárcel todavía va a tardar, ansiamos nos podamos reunir en cuanto sea posible, demostrando esa fraternidad y esa preocupación que sabemos nos une y nos lleva también a unirnos con los presos.. Ellos son el motivo de nuestras actuaciones y las reuniones marcarán la pauta a seguir en la espera.
El doble confinamiento en el centro penitenciario de Huelva

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