La oración es uno de los vínculos más poderosos que existen entre el hombre y Dios. Y para rezar hay que asilarse del mundo. Sabemos que entre las necesidades humanas está hablar con el Padre, y esto exige romper con esa multitud de cosas que implica el propio mundo. Incluso más allá del ruido y el pensamiento que nos acompaña, siempre hemos de esforzarnos en alcanzar otra dimensión, un estado del ser nuevo, donde parece que la vida es más diáfana y todo se vuelve puro. Cuando cerramos la puerta al murmullo incesante, ese juicio continuo con que admitimos o rechazamos ideas y personas, un instante maravilloso se asoma a nuestro interior: una sensación de que estamos más integrados en la vida. Y en consecuencia la vida en su plenitud tiene sentido. A veces y de forma inesperada algo se interpone en nuestro camino; de pronto la calma invade a nuestro ser. Éste es el momento en que hay que recogerse y rezar. Dios llega y vivimos su presencia.
Todos nuestros problemas tienen menos importancia y la lucha del día a día queda relativizada. Sin darnos cuenta, como en un gesto instintivo empezamos a juntar nuestras manos para sumirnos en el rezo. ¿Hay momento más hermoso que el tiempo de la oración? Nuestros sentidos se avivan en un encuentro íntimo; en un silencio profundo todo se aquieta y las aguas vuelven a su cauce. Aquello por que imploramos tantas veces, esas desquiciantes preguntas que no dejábamos de hacernos se responden. Y esto sucede gratamente, como si el alma y el espíritu hubieran encontrado el lugar perfecto donde habitar libres de todo conflicto propio del mundo. Nada mejor se puede esperar ya. La predisposición de la Cuaresma nos hace más conscientes de lo que significa rezar en su amplia dimensión. Al igual que el ayuno y la limosna, con la oración nos desprendemos de ataduras, se aligera nuestra carga…
Rezar es dejarse habitar por Dios y en cierto modo también acariciar su morada. ¿Cuánto necesita un hombre para alcanzar la paz? ¿Lo podemos medir desde los sistemas y cálculos humanos, sociales, culturales? No; esto está en otro ámbito. Y para ponernos en sintonía con esta mansedumbre hay que abrir el corazón. Con esto es suficiente. En el silencio posterior a nuestros ruegos cunde ese gran misterio del que nos sentimos partícipes. Es tan grande el bienestar que sentimos en nuestro interior que apenas reaccionamos con palabras. La verdad nos trasciende y callamos. ¡Momento sublime en que nuestras manos unidas se elevan hacia lo más alto! Una indescriptible fuerza renueva a nuestro ser, nos levanta de todas las miserias, nos hacemos uno con la luz de Dios.
Marco Antonio Molín Ruiz
El poder de la oración
Te puede interesar

La Diócesis de Huelva destaca la recuperación de la imagen de San Roque de la Catedral tras su restauración
La talla, realizada en madera policromada a finales del siglo XVI y atribuida al escultor Juan Bautista Vázquez el Viejo, ha sido sometida durante cinco meses a una intervención destinada a garantizar su conservación y recuperar, en la medida de lo posible, sus valores originales, siempre bajo la supervisión del Servicio de Patrimonio de la Diputación de Huelva.

Abierto el plazo de matrícula para los cursos DECA en el Instituto Teológico San Leandro
Los cursos DECA son uno de los requisitos exigidos por la Conferencia Episcopal Española para poder ejercer profesionalmente como maestro o profesor de Religión en Educación en las especialidad de Infantil, Primaria, Secundaria o Bachillerato, tanto en centros educativos públicos como concertados o privados.

La Madre Luisa y la Creación: «Todo me habla de Dios»
Artículo de Celia Hierro Fontenla, postuladora de la Causa de beatificación y canonización de la M. Luisa Sosa.
Últimas noticias

La Diócesis de Huelva destaca la recuperación de la imagen de San Roque de la Catedral tras su restauración

El obispo de Huelva pide una oración especial por Ceuta durante la Novena de la Cinta

Abierto el plazo de matrícula para los cursos DECA en el Instituto Teológico San Leandro

La Madre Luisa y la Creación: «Todo me habla de Dios»
