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«Es mi hijo, escuchadle”. Comentario al Evangelio del II Domingo de Cuaresma – C

Publicado:
11 marzo, 2022
Foto: La Transfiguración de Jesús. Rafael Sanzio (1516-1520). Museo Vaticano, Ciudad del Vaticano.

“Mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió, sus vestidos brillaban … llegó una nube que los cubrió. Se asustaron al entrar en la nube… Este es mi hijo, el escogido, escuchadle.”

Todo en esta lectura del Evangelio de este domingo nos está marcando pautas, nos va dando señales, nos hace preguntas veladas, nos interpela. La Transfiguración no nos puede dejar indiferentes nunca si lo leemos en clave de fe, no podemos hacer como si no fuera con nosotras/os.

  • “Jesús se lleva a Pedro y a Juan a lo alto de la montaña, para orar. Y mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió…”, la oración cambia el aspecto del rostro, los vestidos se vuelven blancos, el vestido, aquello que utilizamos para cubrirnos se vuelve blanco, el blanco es el color que simboliza la luz, la limpieza.
  • “De repente dos hombres conversan con Jesús, eran Moisés y Elías y hablaban de su muerte,” la Ley y los profetas, Antiguo Testamento, Jesús, Nuevo Testamento.
  • “Pedro y sus compañeros se caían de sueño y espabilándose vieron su gloria y a uno o dos hombres que estaban con él”. El sueño nos hace caer pero también nos espabila y hasta podemos ver más allá de lo que alcanzan nuestros ojos.
  • “Mientras éstos se alejaban, dijo Pedro a Jesús: -Qué hermoso es estar aquí. Haremos tres chozas, para ti, para Moisés y para Elías-, no sabía lo que decía.” Muchas veces no sabemos lo que decimos y podemos acertar, Pedro aunque no es consciente revela que el estar con Jesús es hermoso, lo de las chozas podía ser que de alguna manera quisiera justificar el sentimiento que había verbalizado.
  • “Todavía estaba hablando cuando llegó una nube que los cubrió. Se asustaron al entrar en la nube. Una voz decía -Este es mi Hijo, el escogido, escuchadle-”. La nube los cubre, la nube que puede hacer tanto, nos da sombra, nos anuncia la lluvia tan necesitada en estos momentos de sequía…, pero también nos puede ensimismar y no ver la realidad.
  • “Cuando sonó la voz, se encontró Jesús sólo. Ellos guardaron silencio y, por el momento, no contaron a nadie nada de lo que habían visto”. Cuando suena la voz solo está Jesús y la voz del Padre, pero también están los discípulos que guardaron silencio y de momento no contaron nada a nadie de esa experiencia tan excepcional que acababan de vivir.

Jesús nos invita a subir con Él a la montaña, el lugar donde nos va a revelar su gloria, toda su gloria, pero nos da miedo esa exigencia de montaña y de gloria de Jesús porque nos compromete desde dentro, nos vence el sueño y el miedo de la comodidad y el conformismo, la nube, esa nube que nos da la confianza de una lluvia que puede sanar nuestra sequía casi nos da miedo porque interpela nuestra indiferencia e inmovilismo, la voz del Padre es un aldabonazo “Es mi Hijo, escuchadle”, es el Hijo, son los hijos en el Hijo a los que tenemos que escuchar, el dolor y el sufrimiento del mundo no pueden dejarnos indiferentes, y hay mucho dolor, muchas tragedias, no podemos guardar silencio y mucho menos si el silencio es cobarde.

Creo que es un Evangelio que nos cuestiona desde dentro hacia fuera y desde fuera hacia dentro. Si no subimos a la montaña con Él y lo que ello puede afectarnos, si no bajamos de la montaña para contar lo que hemos experimentado, si la nube no consigue aliviar nuestro cómodo cansancio, si la voz no nos espabila y no somos capaces de escuchar la voz de nuestros hermanos, no hemos descubierto que la montaña y la nube y la voz es Jesús que nos lleva a lo alto de la montaña para estar con Él. Es el desafío de nuestra sociedad actual.

Pidamos al Señor que nos lleve a lo alto de la montaña para descubrirle y para ver a nuestros hermanos que sufren. Estamos viendo y viviendo el dolor y el sufrimiento que provoca la ausencia de paz. Seamos paz.

CONFER-Huelva

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