Domingo IV de Pascua – Ciclo C

Publicado:
8 mayo, 2025
Jn 10, 27-30. “Yo doy la vida eterna a mis ovejas”.

Este pasaje del Evangelio, que leemos en el IV Domingo de Pascua, nos regala una de las imágenes más hermosas que Jesús usa para hablarnos de su amor: la del Buen Pastor. “Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen.” Con estas palabras, el Señor no solo nos describe una relación entre guía y seguidores, sino una verdadera experiencia de cercanía, de cuidado, de amor que reconoce a cada uno por su nombre.

En tiempos como los nuestros, donde abundan las voces y no siempre es fácil distinguir cuál seguir, estas palabras son un llamado a volver al silencio del corazón, a afinar el oído interior y buscar esa voz que no confunde, que no presiona, sino que invita, consuela y acompaña. Esa es la voz de Cristo, que no solo nos habla, sino que nos conoce. Y ser conocidos por Él es algo más que información: es una experiencia de amor personal, único, irrepetible.

El Evangelio de hoy no se queda solo en palabras bonitas. Jesús hace una promesa concreta: “Yo les doy vida eterna… nadie las arrebatará de mi mano.” Y esa seguridad es un consuelo inmenso. Porque todos, en algún momento, sentimos miedo, nos vemos frágiles o incluso tentados a pensar que podemos perder el rumbo. Pero el Señor nos asegura que, mientras permanezcamos con Él, nada ni nadie podrá arrebatarnos de su amor. Nos sostiene su mano, y nos sostiene también la fidelidad del Padre, que es más grande que todo.

Las demás lecturas del día refuerzan este mensaje de esperanza. San Pablo y Bernabé, en los Hechos de los Apóstoles, se enfrentan al rechazo, pero no se detienen: anuncian el Evangelio también a los gentiles. Porque el mensaje de Cristo no es para unos pocos, sino para todos los que se abren a escucharlo. Y en el Apocalipsis, vemos la imagen del Cordero que guía a su pueblo hacia “fuentes de aguas vivas” y enjuga sus lágrimas: un Dios que no solo salva, sino que acompaña y consuela.

Este domingo, el llamado es claro: confiar. Volver la mirada al Pastor que nos conoce y no nos abandona. Escuchar su voz, seguir sus pasos, dejarnos cuidar. Que no nos dé miedo reconocernos como ovejas: no por debilidad, sino por la humildad de sabernos necesitados de guía, de dirección, de un amor que no falla.

Que este Evangelio nos anime a seguir caminando, sabiendo que no estamos solos. Y que, pase lo que pase, su mano no nos suelta.

Delegación Diocesana de Medios de Comunicación Sociales

Te puede interesar

VII Domingo de Pascua – La Ascensión de Señor

– Hch 1, 1-11. A la vista de ellos, fue elevado al cielo.
– Sal 46. Dios asciende entre aclamaciones; el Señor, al son de trompetas.
– Ef 1, 17-23. Lo sentó a su derecha en el cielo.
– Lc 24, 46-53. Mientras los bendecía, fue llevado hacia el cielo. || Imagen generada por Inteligencia Artificial.

Leer más »

VI Domingo de Pascua – Ciclo C

– Hch 15, 1-2. 22-29. Hemos decidido, el Espíritu Santo y nosotros, no imponeros más cargas que las indispensables.
– Sal 66. R. Oh, Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben.
– Ap 21, 10-14. 22-23. Me mostró la ciudad santa que descendía del cielo.
– Jn 14, 23-29. El Espíritu Santo os irá recordando todo lo que os he dicho.

Leer más »