18 de enero de 2026. Dos tragedias ferroviarias, en Córdoba y Barcelona. Dolor, muerte y desolación. Es de noche y hace frío. Soledad, sufrimiento, heridos y cadáveres entre amasijos de hierros. ¿Dónde estás, Señor????
Nos retrotraemos ahora al año 1939 en Nerva, tras una guerra fratricida. Desierto material y espiritual. Solo queda odio, dolor, pobreza, hambruna, enfermedad y muerte. Espiritistas. Y en toda la provincia, apostasía generalizada[1]. La gente muere abandonada, desesperada, sin ningún tipo de asistencia espiritual, sin los sacramentos. ¿Dónde estás, Señor???? ¿Cómo permites tanto sufrimiento?
¿Por qué nos volvemos en contra de Dios cuando nos toca sufrir? ¿Acaso podemos decir que Cristo se ha desentendido del sufrimiento de la humanidad? ¡¡Todo lo contrario!! Él ha sufrido por nosotros el sufrimiento que a nosotros nos hubiera correspondido por el pecado de cada uno, para la salvación de nuestras almas. Pero el Señor y la Virgen eran inocentes; nosotros, sin embargo, culpables.
Tenemos una reciente testigo de que el Señor no abandona a su pueblo (Sal 94). El Señor se apiadó del inmenso dolor de su pueblo, y quiso hacerse presente en los que sufren a través de la Madre Luisa Sosa. La Madre Luisa sintió, a lo largo de su vida, esa presencia y esa íntima unión con Jesús Nazareno cargando con su cruz. Ella experimentó, a lo largo de toda su vida, que el Señor estaba cerca del que sufre, muy cerca, cerquísima…Él está deseando venir a consolarnos, Él no nos abandona, –«Estoy a la puerta y llamo»– (Ap. 3, 20), pero respeta nuestra libertad. Si le cerramos las puertas, no puede entrar.
El verdadero artífice de la Obra de Jesús Nazareno de Nerva fue el Señor, que se le manifestó un día de cuaresma de 1939 en la Iglesia de San Pedro («Has de fundar»). Ella se autodefine como un simple «pincel», débil y miserable[2].
A través de la Madre Luisa, el Nazareno pudo ayudar personalmente a los más menesterosos del pueblo: «Le llevábamos todos los socorros que nos era posible —yo pedía a mis amistades, porque en aquellos tiempos había mucha necesidad en este pueblo—. Y no solo porque fue mi lema «a la fe por la caridad», sino porque me daban mucha pena los cuerpos doloridos por la enfermedad y el hambre, viendo en todos ellos la imagen bendita de mi Jesús Nazareno con el peso de la cruz. Y me sentía inundada de inmensa e intrépida compasión».
Y lo que es más importante, la asistencia espiritual de los enfermos: «A mí me obsesionaba, con una pena enorme, que la gente muriera sin recibir los sacramentos. Como me daba tanto miedo del infierno, pues me daba mucha pena que algunos pudieran caer en él».
El Carisma de la Madre Luisa va más allá de atender a los enfermos, a los más pobres y necesitados, a costa de sí misma y del riesgo para su salud y para su vida. Y va también más allá del modo de cuidar de las ancianas, del que ya hemos hablado. Todo ello se compendia en que Jesús Nazareno se muestra muy cerca del que sufre, porque quiere ayudarnos a llevar nuestra cruz:
«Estaba a la izquierda de mí una imagen de Jesús Nazareno con la cruz a cuestas muy cerca de mí, cerquísima, cerquísima. Me parecía una imagen muy hermosa y apacible… me sentía amparada y cobijada por la divina imagen, que me comunicaba una fortaleza enorme».

Ella, a lo largo de su vida, hizo experiencia de esta cercanía del Nazareno, precisamente a través del sufrimiento. ¿Cómo lo vivía la Madre Luisa? «…Me invade un sentimiento de intensa felicidad, lo acojo con alegría, lo ofrezco a mi Señor y me sumo en la agonía del divino Redentor /…/ El sufrimiento es mi emblema, sin él no puedo vivir»[3], como ella misma reconoce al final de su vida.
«Siempre que se me presentaba un dolor, le decía al Señor con toda mi alma: “¡Gracias, Jesús mío, bendito seas! Yo sé que por el dolor vas a salvar mi alma, que el dolor me va a redimir”. Y en verdad que él me dio fuerzas para nunca cansarme de padecer. […] También me acordaba, en mi padecer, de los demás, de la salvación de las almas, de ofrecer para gloria de Dios y para reparar las ofensas que se hacían —y yo hacía— al divino Corazón de Jesús y al Inmaculado Corazón de la Santísima Virgen».
Finalizamos con esta poesía, Dolor, escrita por la joven Madre Luisa en 1944 con veintiséis años, que recoge muy bien el punto del que estamos hablando: cómo, en medio del dolor, el Nazareno se le hace presente, consolándola y dándole fortaleza.
Dolor, mi amigo dolor,
pasa de largo esta vez.
Yo sé que ha dicho el Señor
que eres, de amor, signo y prez.
Mas yo hay veces que no puedo
resistir más tu rigor,
veces que me causas miedo,
miedo me causas, dolor.
Miedo porque eres muy fuerte,
y cuando haces presa en quien
le atormentas de tal suerte
que hay que decirte ¡detén!
Detén tu ira, dolor,
no me asedies, que me aplano;
yo no te guardo rencor,
mas alza de mí tu mano.
Esto cantaba yo un día
en que el dolor me agobió,
mas pronto mi cobardía
en sonrojo me cubrió,
bastome solo un momento
¡aún lo recuerdo y me apeno!
Contemplé el duro tormento
del divino Nazareno,
miré la faz afligida
de la Reina de los cielos.
Miré la tierra teñida
de la sangre y los anhelos
de tanto mártir de Cristo…
y quedó mi alma anegada
en un mar de confusión.
La sangre quedome helada,
yerto estaba el corazón.
¡Mi Dios, sufrir y morir!
¡sufrir mi Madre querida!
y aún pretender yo vivir
una regalada vida?
¡oh, Señor del alma mía!
¡oh, Madre de pecadores!
Perdonad mi cobardía
colmándome de dolores.
Quiero dolor, quiero cruz
que es igual cruz y dolor.
Quiero bañarme en tu luz,
quiero abrasarme en tu ardor.
Y si por llegar a Ti
hay que sufrir con rigor
nunca te apiades de mí
y hazme morir de dolor.
Encomendamos al Señor y a la Madre Luisa Sosa las almas de todos los difuntos ocurridos en estas desgracias. D.E.P.
Celia Hierro Fontenla, sobrina de la Madre Luisa y Postuladora de su Causa de beatificación.
[1] La apostasía de las masas y persecución religiosa durante el periodo republicano (1931-1936) en la provincia de Huelva: Los hechos y sus causas (Universidad Pontificia de Salamanca, 1958).
[2] La Madre Luisa Sosa, testigo y apóstol de Jesús Nazareno (Febrero 2022), p.211
[3] Sufrir, poesía de la Madre Luisa Sosa, 2015. https://youtu.be/sPfEP1DuHyQ





