III Domingo del Tiempo Ordinario – Ciclo A

Publicado:
22 enero, 2026
Comentario al Evangelio del III Domingo del Tiempo Ordinario de este domingo, 25 de enero de 2026, por parte de la Delegación Diocesana para la Catequesis, la Iniciación Cristiana y el Catecumenado de Adultos.

Celebramos hoy el III Domingo del Tiempo Ordinario, guiados por la Palabra de Dios y por la luz de la fe que Dios ha hecho brillar para nosotros. El Señor en su infinita misericordia se compadece de toda persona que habita en las sombras existenciales o que experimentan de distintas formas la realidad de la muerte. Para todos ha brillado una gran luz, Cristo, nuestro gozo.

Tomados de su mano transitamos sin miedo por el curso de los acontecimientos de nuestra vida personal, familiar, o laboral. Si bien es cierto que son muchos los retos que a diario tenemos que afrontar, es también cierto y seguro que, si Dios es la defensa de nuestra vida ¿quién nos hará temblar?

Vivir como cristianos significa gozar de la comunión, que se expresa singularmente en la realidad de la Iglesia, en ella somos uno con nuestros hermanos y con Cristo, cabeza del cuerpo y pastor supremo del Pueblo de Dios. Hemos sido injertados en la vid verdadera de la que recibimos la vida del Espíritu.

La unión con Cristo nos ha de impulsar a vivir igualmente la unión con nuestros hermanos, las personas que Dios pone en nuestra vida. El signo del amor al prójimo es el más elocuente testimonio de que realmente estamos viviendo en unión con Cristo.

En el evangelio se nos invita a la conversión, y ésta debe ser en todos los ámbitos de la vida, para que quede iluminada por la luz de Cristo. El testimonio del verdadero amor al prójimo es el “cebo” que nos permitirá responder a la llamada a ser “pescadores de hombres”. La respuesta del cristiano al Dios que nos llama es el seguimiento de Cristo, que nos invita: “venid en pos de mí”, dejando todo lo que nos ata a una vida alejada de Él y el ponernos al servicio de las personas con las que Dios nos ha rodeado sin dejar a nadie atrás, ni a quienes con afecto amamos y respetamos ni a quienes a veces nos ponen a prueba.

Estamos llamados a ser cooperadores de la tarea del Señor con nuestra vida: dando testimonio de vida, proclamando la alegría de vivir al estilo cristiano, y, sobre todo, acompañando al prójimo en sus sufrimientos y dolencias.

Delegación Diocesana para la Catequesis, la Iniciación Cristiana y el Catecumenado de Adultos 

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