Calañas celebra la Coronación Canónica de la Virgen de la Coronada en una jornada histórica de fe y devoción

Publicado:
21 junio, 2026
Jornada histórica en Calañas por la Coronación Canónica de su Patrona, una cita que une la fe de siglos con el servicio social a los más vulnerables.

La localidad de Calañas ha vivido este sábado, 29 de junio, una jornada histórica con la celebración de la Solemne Misa Estacional y la Coronación Canónica de la Bendita Imagen de Nuestra Señora de la Coronada, un acontecimiento que culmina siglos de profunda devoción mariana por parte del pueblo calañés.

En la homilía el Obispo destacó que la coronación no otorga a María la dignidad de Reina, sino que proclama públicamente una realidad de fe: María es Reina porque Dios la hizo Madre del Rey, Jesucristo. La ceremonia ha supuesto, además, el reconocimiento eclesial de una devoción arraigada que ha acompañado la vida espiritual de generaciones de fieles, subrayando la historia de fe, oración y confianza que une a Calañas con su Patrona, presente en la vida del municipio desde hace siglos.

Uno de los aspectos más significativos de esta coronación ha sido su dimensión solidaria, reflejada en la adecuación de la capilla de la Residencia de ancianos Santa María de Gracia como obra social vinculada a la Coronación, destacando que toda auténtica devoción mariana debe traducirse en caridad y servicio a los más vulnerables.

La jornada concluyó con una renovada súplica a Nuestra Señora de la Coronada para que continúe protegiendo a Calañas, a sus familias y a todos los fieles que acuden a su intercesión, reafirmando el compromiso de la comunidad cristiana de seguir a Jesucristo bajo la guía maternal de la Virgen.

HOMILÍA INTEGRA DE MONS. SANTIAGO GÓMEZ SIERRA

Hermanos y hermanas, amados por el Señor:

¡Qué grande es la alegría que hoy llena a Calañas! ¡Qué inmenso el gozo de este pueblo que contempla cumplido un anhelo nacido de generaciones enteras de amor a la Santísima Virgen!

Hoy no es un día más en la historia de nuestra villa. Hoy es un día de gracia. Un día largamente esperado, preparado por muchos con vuestra oración y sacrificios, y que nosotros tenemos el privilegio de vivir. Hoy la Iglesia pone su mirada sobre esta antigua devoción y reconoce solemnemente lo que el corazón de este pueblo viene proclamando desde hace siglos: que Nuestra Señora de la Coronada reina en la fe, en la esperanza y en el amor de sus hijos.

Dentro de unos momentos contemplaremos cómo una corona se posa sobre sus benditas sienes. Y mientras nuestras campanas repican de alegría y nuestros corazones se conmueven, comprende mos que no estamos asistiendo simplemente a una ceremonia hermosa. Estamos proclamando públicamente nuestra fe. Estamos confesando que María ocupa un lugar singular en la historia de la salvación y en la vida de este pueblo que la ama como Madre, la invoca como su Patrona protectora ante Dios, la nombra Alcaldesa Honoraria Perpetua y la venera como Reina.

Pero conviene que entendamos bien lo que estamos haciendo, sobre todo, a la luz de la verdad de la Palabra de Dios. Esta nos enseña que: nosotros no coronamos a María para convertirla en Reina. María ya es Reina. La coronamos porque Dios la hizo Madre del Rey.

La primera lectura nos ha llevado a la corte del rey Salomón. Su madre, Betsabé, entra en presencia de su hijo. Y ocurre algo sorprendente. El rey se levanta de su trono, sale a recibirla, se inclina ante ella y manda colocar un asiento a su derecha.

Aquello era mucho más que un gesto de cariño filial. En la tradición de Israel, la madre del rey ocupaba un lugar singular en el reino. Era la reina madre.

Por eso la Iglesia siempre ha visto en esta escena una figura de María.

Si Jesús, el Señor, es el verdadero Hijo de David, el Rey eterno cuyo reino no tendrá fin, entonces María es la Madre del Rey. Y si el Hijo reina para siempre, inmortal y glorioso, también la Madre participa para siempre de su gloria.

Por eso el salmo nos ha hecho contemplar a la reina situada a la derecha del rey, revestida de esplendor.

Y, también, el libro del Apocalipsis nos ha mostrado una imagen impresionante: una mujer vestida del sol, y la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas sobre su cabeza (Ap 12, 1). No es una reina de este mundo. Es una madre. Una madre que lucha. Una madre que sufre. Una madre que protege a sus hijos. Una madre que conduce a todos hacia Cristo.

Y entonces llegamos al Evangelio, que nos enseña qué clase de reina es María. No aparece sentada en un trono. Apenas ha recibido el anuncio del ángel cuando emprende un camino apresurado por las montañas para visitar a Isabel. María reina sirviendo a su pariente. María reina olvidándose de sí misma, para emplearse en hacer el bien a los demás.

Y, sobre todo, María reina llevando a Jesús.Y aquí está la gran enseñanza de esta Coronación de la Virgen de la Coronada.Porque la corona que vamos a colocar hoysobre esta imagen bendita de la Santísima Virgen solo es un símbolo. Su verdadera corona es Cristo. Toda la grandeza de María consiste en llevar a Jesús, su hijo. Cuando entra en casa de Isabel, lleva al Salvador, como esta proclama, inspirada por el Espíritu Santo: ¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? (Lc 1, 42-43

Y en cuanto llega María todo cambia. Juan salta de alegría en el vientre de su madre.Isabel queda llena del Espíritu Santo. La casa se llena de bendición. Porque donde llega María, llega Jesús, nuestro Salvador.

Por eso la Coronación que estamos celebrando no puede quedarse en una emoción, ni siquiera en una jornada histórica. Si hoy coronamos a María, pero no dejamos que nos conduzca a Cristo, la corona sería solamente un adorno. La verdadera Coronación de la Madre ocurre cuando Jesús, fruto bendito de su vientre,reina en el corazón de sus hijos.

La Iglesia no concede una Coronación Canónica simplemente por la antigüedad de una imagen ni por la belleza de una devoción. La concede cuando reconoce una fe viva que ha dado frutos durante generaciones.

Y la historia de Nuestra Señora de la Coronada está llena de esos frutos. Siglos de plegarias. Siglos de romerías. Siglos de promesas. Siglos de familias que han aprendido a rezar mirando este rostro bendito. Desde aquellos antiguos testimonios que nos llegan del siglo XV, pasando por generaciones enteras de calañeses, hasta nuestros días.

María ha seguido reuniendo a sus hijos junto al río Odiel, en Sotiel Coronada y aquí en Calañas. Cuántas lágrimas habrá recogido. Cuántas esperanzas habrá escuchado.

Y esa historia de amor entre la Madre y su pueblo también ha quedado grabada en la piedad sencilla de generaciones enteras. Por eso canta el corazón de Calañas:

Calañas te saluda
como a su Madre,
y su nombre repite
montes y valles.

No es solamente una hermosa copla popular. Es la confesión de un pueblo que reconoce en María a su Madre, que la invoca en la alegría y en la dificultad, que la siente cercana en el camino de la vida y que hoy la aclama gozoso como Reina.

Además, hay algo especialmente hermoso en la Coronación que realizamos. La obra social ofrecida por la Hermandad para esta celebración: la capilla de la Residencia Santa María de Gracia. Porque una corona verdadera siempre termina convirtiéndose en caridad. La Virgen no quiere solamente flores en sus altares. Quiere amor a los ancianos. Quiere cercanía a los enfermos.Quiere atención a los que sufren. Quiere corazones que se parezcan al suyo.

La mejor joya de una corona es una obra de misericordia. La mejor ofrenda a María es una vida cristiana. La mejor devoción es seguir a Jesucristo.

Queridos hermanos: Dentro de unos momentos veremos cómo una corona se posa sobre la cabeza de la Virgen. María contempla hoy a Calañas desde el cielo y no mira primero la corona que le ofrecemos. Ella es Madre, por eso, primero, mira a sus hijos, a nuestras familias, a nuestros jóvenes y a nuestros ancianos.Mira a quienes conservan la fe y a quienes la han perdido. Mira a quienes viven alegres y a quienes cargan cruces pesadas.

Y desde lo más hondo del corazón de este pueblo podemos repetir una súplica que tantas veces habrá resonado ante esta bendita imagen:

Mírame con compasión,
no me dejes, Madre mía.

Ésa es la oración de los hijos que confían. La oración de quienes saben que la Reina coronada sigue siendo la Madre cercana. La Madre que escucha. La Madre que consuela. La Madre que protege.

Que Nuestra Señora de la Coronada, Madre del Rey y Reina de nuestros corazones, siga protegiendo a Calañas y a todos los que acuden a su poderosa intercesión.

Y permitidme concluir con una última invocación nacida del amor de este pueblo a su Patrona:

Madre adorada,
no olvides a tus hijos
que tanto te aman.

Y que esta Coronación Canónica nos ayude a comprender que toda la gloria de María consiste en acercarnos a Cristo, único Rey de la historia, Señor del tiempo y Salvador del mundo, que vive y reina por los siglos de los siglos.

Amén.

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