Han pasado unos días desde el accidente ferroviario de Adamuz (Córdoba) y Huelva sigue llorando a sus hijos ausentes.
Son días de dolor, de silencio y de preguntas que solo pueden sostenerse desde la fe y desde la esperanza. Entre ellos se encuentra Nati de la Torre, mujer creyente, cursillista enamorada del Señor y del Movimiento de Cursillos de Cristiandad de Huelva, que perdió la vida cuando viajaba junto a su hijo y tres nietos, hoy heridos, pero salvados por la misericordia de Dios.
Nati vivió su primer cursillo en abril de 1970. Desde entonces, su historia personal quedó unida para siempre al Movimiento, al que sirvió con fidelidad, alegría y entrega total.
Participó en numerosos cursillos, como cursillista, como auxiliar y, en veinte ocasiones, como rectora. Siempre disponible, siempre generosa, siempre sembrando fe, amistad y esperanza.
SU VIDA FUE UN VERDADERO EVANGELIO
Quienes la conocimos sabemos que su vida fue un verdadero Evangelio vivido: inteligente y valiente, sencilla y sincera, servicial, respetuosa, amable, atenta, bondadosa, generosa sin medida —no tenía nada propio, todo lo ofrecía—, optimista y profundamente responsable.
Hoy el Movimiento de Cursillos de Cristiandad de Huelva llora su ausencia, pero agradece a Dios el don de su vida y de su testimonio.
Y, como último regalo, nos queda la palabra de su hijo, Fidel, pronunciada entre lágrimas y fe: “En mi familia nos agarramos a la fe. Mi madre iba rezando el rosario en el momento del choque. Estoy seguro de que le pidió a Jesús de Nazaret un milagro:
‘Si yo me voy contigo, deja aquí a mi hijo y a mis tres nietos’. Y eso fue lo que ocurrió”.
“Que quien pueda besar hoy a su madre, lo haga… porque la vida te golpea sin avisar”.
Creemos firmemente que hoy Nati ya descansa en los brazos del Padre, intercediendo por los suyos y por este Movimiento que tanto amó.
Movimiento de Cursillos de Cristiandad de Huelva





