La Diócesis de Huelva celebra la Jornada Mundial del Enfermo en la festividad de Nuestra Señora de Lourdes

Publicado:
16 febrero, 2026
La Parroquia de la Beata Eusebia Palomino acogió el pasado 11 de febrero la celebración diocesana de la Jornada Mundial del Enfermo, organizada por el Secretariado de Pastoral de la Salud, en un clima de oración, comunión y compromiso con quienes sufren.

El pasado 11 de febrero, festividad litúrgica de Nuestra Señora de Lourdes, la Iglesia celebró la Jornada Mundial del Enfermo. En nuestra diócesis, la conmemoración tuvo lugar en la Parroquia de la Beata Eusebia Palomino, en la capital onubense, en una celebración organizada por el Secretariado Diocesano de Pastoral de la Salud.

La Eucaristía contó con la participación de numerosas parroquias y agentes de Pastoral de la Salud, así como de distintas entidades implicadas en el acompañamiento a las personas enfermas y sus familias, entre ellas la Casa de los Milagros de Cáritas Diocesana de Huelva, el Centro de la Escucha San Camilo, la Hospitalidad de Lourdes de Huelva y los capellanes hospitalarios.

La imagen de la Virgen de Lourdes, portada por la Hospitalidad, fue trasladada en procesión desde la parroquia de la Sagrada Familia, donde tiene su sede. Acompañada por el rezo del Santo Rosario, esta fue su primera salida procesional tras haber sido bendecida por el Sr. Obispo el pasado mes de mayo, lo que añadió un significado especial a la celebración.

La Santa Misa fue presidida por don Juan Manuel Arija, coordinador de los capellanes hospitalarios, quien centró su homilía en el lema propuesto este año por la Conferencia Episcopal Española, inspirado en la parábola del Buen Samaritano: “Lo montó en su cabalgadura, lo llevó a la posada y cuidó de él. Amar llevando el dolor del otro”. En su reflexión subrayó la llamada a “no pasar de largo” ante el sufrimiento, haciendo del cuidado y la cercanía una expresión concreta del amor cristiano.

Durante la celebración se administró el sacramento de la Unción de los Enfermos a numerosos fieles, signo visible de la gracia y el consuelo del Señor en medio de la fragilidad. La participación de las Siervas del Hogar de la Madre, que animaron el canto litúrgico, contribuyó a crear un clima de recogimiento y esperanza.

En un gesto cargado de simbolismo, una silla vacía fue colocada ante la imagen de la Virgen de Lourdes, en recuerdo de quienes ya no están entre nosotros, especialmente tras los recientes y dolorosos acontecimientos vividos en nuestra tierra. Como se explicó durante la celebración, aunque no podamos verlos, permanecen presentes en la comunión de los santos y en la memoria agradecida de la Iglesia.

La Jornada concluyó con un renovado compromiso de seguir acompañando a los enfermos, a sus familias y a cuantos sufren, haciendo vida el mandato evangélico de no pasar de largo y de cuidar con ternura y entrega a los más vulnerables.

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