Tras la reciente visita de nuestro querido Papa León XIV, y todavía con la miel en los labios, me gustaría destacar una palabra que el Santo Padre proclamó en su primera visita a la Archidiócesis de Madrid, en una parroquia que se llama Crucifixión:
“La Crucifixión, es señal no de muerte sino de esperanza, de nueva vida, de resurrección y de la salvación que Jesús ofrece a todos nosotros. Agradezco muchísimo a todas las asociaciones representadas aquí, gracias por este hermoso servicio que hacéis, porque este es el signo de la esperanza en el mundo de hoy. Es el Evangelio vivo que todos queremos ver, todos queremos sentir, experimentar”.
En nuestra Diócesis de Huelva tenemos el privilegio de tener entre nosotros a una persona que verdaderamente ha sido un Evangelio vivo donde los demás podían leer a Dios, experimentar a Dios…sentirlo, sea cual fuere su procedencia, ideología o de su vivencia espiritual. Se trata de la Madre Luisa Sosa, fallecida en 2017, cuyo proceso de beatificación se ha iniciado ya, y a la que recientemente han concedido una calle en Huelva y otra en Nerva, su pueblo minero natal.
No había persona alguna que se acercara a ella y se marchara indiferente. Todos se sentían queridos de una manera especial. Aunque alguien llegase con los agobios propios de la vida, todos se iban, tras estar con ella, con un profundo sentimiento de paz que inundaba su corazón… no tenía explicación humana. Esto se puede constatar en todos y cada uno de los testimonios recogidos sobre ella.
Uno de estos testimonios, quizás el más paradigmático, es el de Chari. Ocurrió cuando, desde Fuenteheridos, fue a cantar con un coro a las ancianas. Chari había oído hablar de la Madre Luisa, y quiso conocerla personalmente. Esta, a pesar de estar enferma, al final, bajó a saludar al coro. Chari se acercó a la Madre y esta le dio muchísimas gracias por haber ido a cantar y le cogió su mano. Lo que ocurrió entonces, Chari lo expresa así:
“Hubo una cosa que no puedo explicar. Fue como una tranquilidad que me entró al momento, una paz…Y me miró a los ojos, simplemente me miró, no me dijo nada más. Me miró, yo la miré y en un instante, yo pensé que le estaba dando la mano a Dios. Yo no lo puedo explicar, pero eso lo tengo grabado en mi corazón y en mi mente, y no se me olvida”.
A pesar del paso de los años, Chari sigue impresionada con aquella experiencia que tuvo con la Madre. Dejo aquí su testimonio en vivo y en directo:
Celia Hierro Fontenla
Postuladora de la Causa de beatificación
y canonización de la M. Luisa Sosa




