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Homilía en la Misa funeral por el eterno descanso del alma de Su Santidad el Papa Emérito Benedicto XVI

Publicado:
7 enero, 2023
Pronunciada el 7 de enero de 2023 en la Santa Iglesia Catedral de Huelva

Queridos hermanos y hermanas todos:

Cuando los restos mortales de nuestro amado Papa emérito Benedicto XVI ya han sido depositados en la tierra, esperando la resurrección de la carne, junto a la tumba del Apóstol Pedro, de quien ha sido su 265 sucesor, nosotros nos hemos reunido en torno al altar, para pedir al Señor por el eterno descanso de su alma y para agradecer el don que el Señor nos ha regalado en su Iglesia con la vida, la obra y el magisterio del que ha sido viva imagen del Buen Pastor.

«No anteponer nada al amor de Cristo». Creo que esta expresión puede ofrecernos una clave para comprender y recibir el legado del Papa Benedicto. Como sabéis se trata de una expresión contenida en la Regla de San Benito (IV, 21), que sintetiza el programa de vida de los monjes.

San Benito es un santo al que Benedicto XVI apreció de forma especial, como se puede intuir por haber elegido su nombre al ser elegido Papa. Probablemente, él veía algunas semejanzas entre los tiempos de San Benito y la situación actual. Entre las cenizas del Imperio romano, San Benito, buscando ante todo el amor de Cristo, sembró, quizá sin darse cuenta, la semilla de una nueva civilización, que se desarrollaría integrando los valores cristianos con la herencia clásica, por una parte, y con las culturas germánica y eslava, por otra. Hoy, también, las comunidades cristianas, afectadas por la profunda crisis de la cultura europea y occidental, viviendo con hondura el encuentro con Cristo, están llamadas a hacer germinar nuevos brotes de sentido y esperanza para nuestros contemporáneos.

El Papa emérito nos ha enseñado a vivir y a morir en cristiano. “Señor, te amo”. Se ha publicado que estas fueron sus últimas palabras en la noche antes de su muerte. Pero tenemos otro testimonio realmente hermoso de cómo él ha afrontado su muerte. En una carta del pasado 8 de febrero podemos leer lo siguiente: «Muy pronto me presentaré ante al juez definitivo de mi vida. Aunque pueda tener muchos motivos de temor y miedo cuando miro hacia atrás en mi larga vida, me siento, sin embargo, feliz porque creo firmemente que el Señor no solo es el juez justo, sino también el amigo y el hermano que ya padeció Él mismo mis deficiencias y por eso, como juez, es también mi abogado (Paráclito). (…) Ser cristiano me da el conocimiento y, más aún, la amistad con el juez de mi vida y me permite atravesar con confianza la oscura puerta de la muerte”. Tampoco la muerte se antepone al amor de Cristo.

«No anteponer nada al amor de Cristo» es también la propuesta que nos hizo en su primera encíclica Deus caritas est, del 25 de diciembre de 2005, nueve meses después de su elección como sucesor de Pedro: «Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él» (1 Jn 4, 16). Con estas palabras de la Primera carta de Juan expresaba, en el pórtico de su pontificado y con elocuente carácter programático,el núcleo de la fe cristiana: la imagen de Dios y también la imagen del hombre y de su camino en este mundo. Ponía ante nuestros ojos la formulación de la existencia cristiana: «Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él». Y de aquí sacaba una consecuencia fundamental, que ha quedado como frase lapidaria de su Magisterio: No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva (nº 1).

«No anteponer nada al amor de Cristo” es una convicción personal honda y juvenil en la vida del Papa difunto. Cuando Joseph Ratzinger era sacerdote y profesor de teología, primero en Tubinga y luego en Ratisbona, antes de ser obispo, dio una serie de charlas radiofónicas y una editorial de Múnich las reunió y publicó en 1970 con el título “Fe y futuro”, traducido al español. En su quinto capítulo, responde a una pregunta: ¿Cómo será la Iglesia del año 2000? Recojo solo unas cuantas frases de su larga respuesta: la Iglesia encontrará de nuevo… lo que es esencial para ella, lo que siempre ha sido su centro: la fe en el Dios trinitario, en Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre, la ayuda del Espíritu que durará hasta el fin (…). Será una Iglesia interiorizada, que no suspira por su mandato político y no flirtea con la izquierda ni con la derecha (…) Pero tras la prueba … surgirá, de (la) Iglesia… una gran fuerza, porque los seres humanos (…) Experimentarán, cuando Dios haya desaparecido totalmente para ellos, su absoluta y horrible pobreza. Y entonces descubrirán la pequeña comunidad de los creyentes como algo totalmente nuevo. Como una esperanza importante para ellos, como una respuesta que siempre han buscado a tientas. A mí me parece seguro que a la Iglesia le aguardan tiempos muy difíciles (…) Pero florecerá de nuevo y se hará visible a los seres humanos como la patria que les da vida y esperanza más allá de la muerte.

Y es que, queridos hermanos, el gran tema de la vida entera del amado papa Benedicto XVI, tanto como profesor de teología, como Obispo y sucesor de Pedro, no ha sido otro que la prioridad de Dios. Lo encontramos afirmado de nuevo con palabras tan contundentes como estas: La Iglesia debe hablar de muchas cosas: de todas las cuestiones relacionadas con el ser del hombre, con su estructura y su ordenamiento, etc. Pero su tema verdadero, y en varios aspectos único, es «Dios». Y el gran problema de Occidente es el olvido de Dios: es un olvido que se difunde. Estoy convencido de que todos los problemas particulares pueden remitirse, en última instancia, a esta pregunta. Por eso, … mi intención principal era poner de relieve el tema de «Dios». (Discurso del santo padre Benedicto XVI a la Curia Romana, 22 de diciembre de 2006).

«No anteponer nada al amor de Cristo» es la urgencia que hallamos expresada al final de su pontificado en la Carta Apostólica Porta Fidei (11 de octubre de 2011), con la que convocaba el Año de la Fe (octubre 2012-noviembre de 2013), con motivo del 50 aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II y del 20 aniversario de la publicación del Catecismo de la Iglesia Católica. En este texto vuelve a poner delante de la Iglesia el mismo tema, diciendo: Desde el comienzo de mi ministerio como Sucesor de Pedro, he recordado la exigencia de redescubrir el camino de la fe…renovando el encuentro con Cristo. Sucede hoy con frecuencia que los cristianos se preocupan mucho por las consecuencias sociales, culturales y políticas de su compromiso, al mismo tiempo que siguen considerando la fe como un presupuesto obvio de la vida común. De hecho, este presupuesto no sólo no aparece como tal, sino que incluso con frecuencia es negado… en vastos sectores de la sociedad, a causa de una profunda crisis de fe que afecta a muchas personas (nº 2).

El papa Benedicto entendió que la santidad consiste en «No anteponer nada al amor de Cristo», y que esta propuesta vale para todos los cristianos y que, además, constituye una verdadera urgencia pastoral en nuestros tiempos, en los que se siente la necesidad de contar con sólidas referencias espirituales y éticas para la vida de las personas y para construir una verdadera sociedad justa y solidaria. No es honesto ni responsable contentarse con vivir de modo mediocre, como ciudadanos según una ética de mínimos y como cristianos con una religiosidad superficial.

El Santo Padre Benedicto XVI nos ha dejado su testamento espiritual, que escribió el 29 de agosto de 2006, en el cual nos dice: A todos los que en la Iglesia han sido confiados a mi servicio: ¡Manténganse firmes en la fe! ¡No se dejen confundir! … Desde hace sesenta años acompaño el camino de la teología, … he visto derrumbarse tesis que parecían inamovibles y resultar meras hipótesis… Jesucristo es verdaderamente el camino, la verdad y la vida, y la Iglesia, con todas sus insuficiencias es verdaderamente su cuerpo.

Que el papa Benedicto siga iluminando el camino de la Iglesia con su Magisterio y acompañándolo con su intercesión, para que nos mantengamos firmes en la fe. A la vez, pedimos que, caladas las puertas de la muerte, tal como esperó, el Señor, poniendo su mano derecha sobre él, le dice: ‘No temas: Soy yo…’. (Ap 1, 17).

Que así sea. Amén.

+ Santiago Gómez Sierra,
Obispo de Huelva

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