La aldea de El Rocío ha vivido este miércoles, 19 de agosto, una jornada especialmente significativa para el pueblo de Almonte y para cuantos comparten la devoción a la Virgen del Rocío. La celebración del Rocío Chico ha vuelto a poner en el centro la memoria agradecida de los almonteños, que desde hace 213 años renuevan su Voto de Gracias a la patrona por su intercesión durante uno de los episodios más difíciles de la historia de la localidad.
Los acontecimientos se remontan a 1813, en el contexto de la invasión napoleónica. Según la tradición, los habitantes de Almonte lograron resistir a las tropas francesas y atribuyeron su salvación a la intercesión de la Virgen del Rocío, librándose de unas consecuencias que podían haber supuesto incluso el exterminio de la población.
Ante esta circunstancia, los representantes del pueblo de Almonte acordaron realizar un Voto formal de acción de gracias a Dios por la intercesión de la Virgen. Desde entonces, cada 19 de agosto, el pueblo almonteño acude al Rocío para renovar aquella promesa de gratitud.
La Función del Voto, presidida por el Obispo de Huelva
El momento central de esta jornada ha tenido lugar a las 10:00 horas en el Santuario de Nuestra Señora del Rocío, con la celebración de la tradicional Función del Voto de Gracias del Rocío Chico 2026, presidida por el Obispo de Huelva, Mons. Santiago Gómez Sierra.
La celebración ha reunido a numerosos fieles y devotos ante la patrona de Almonte, en una jornada en la que la memoria histórica se ha unido nuevamente a la fe y a la devoción mariana. La Coral Polifónica Cultural de La Palma del Condado ha acompañado musicalmente la celebración.
En su homilía, el Obispo de Huelva ha invitado a vivir el Voto desde una «fidelidad creativa», entendiendo la tradición cristiana no como una mera repetición del pasado, sino como un don recibido que debe ser entregado a las nuevas generaciones. «No podemos guardar el Rocío solamente para nosotros, tenemos que pasarlo a los que vienen detrás», ha subrayado.



En este sentido, Mons. Santiago Gómez Sierra ha situado la transmisión de la fe como uno de los grandes desafíos de la Iglesia en el momento actual y ha advertido de que la devoción a la Virgen del Rocío no puede quedarse únicamente en «una costumbre entrañable, como una tradición familiar, como una fiesta hermosa, como una emoción colectiva», sino que ha de conducir al Evangelio, a los sacramentos, a la caridad, al perdón y al compromiso por la verdad, la justicia y el servicio a los hermanos.
El Obispo ha destacado asimismo el tesoro que Almonte custodia y que, a través de la devoción a la Blanca Paloma, se extiende mucho más allá de sus fronteras. «El mejor modo de testimoniar vuestra devoción a la Virgen del Rocío será que las nuevas generaciones aprendan de sus mayores a rezar, a amar, a perdonar, a servir», ha afirmado.
María llega para transformar la casa
A partir del Evangelio de la Visitación, Mons. Gómez Sierra ha establecido un paralelismo entre María y el Arca de la Alianza, signo de la presencia de Dios en medio de su pueblo. Si el Arca portaba simbólicamente la presencia de Dios, María lleva en su seno virginal «al mismo Dios hecho hombre».
Por ello, ha invitado a Almonte a hacer suya la exclamación de Isabel: «¿de dónde a nosotros que venga a visitarnos la Virgen, la Madre de Dios?». Una visita que, ha señalado, no puede dejar indiferente a quienes la reciben.
«María llega a una casa y la transforma. Eso sucedió en Ain Karim en la casa de Isabel y Zacarías. Eso tiene que suceder también en Almonte», ha afirmado el Obispo.
Ante el traslado que comenzaría horas después, Mons. Santiago Gómez Sierra ha invitado a cada persona a convertir el fervor de la Venida en una oración personal: «Madre, ven a mi casa. Ven a mi familia, a mi matrimonio, a mis hijos, a mis heridas, a mis pecados, a mis preocupaciones, a mi pueblo, a nuestra Iglesia». Y, sobre todo, ha exhortado a pedirle: «muéstrame a Jesús, fruto bendito de tu vientre, el Pastorcito Divino».
En este contexto, el Obispo de Huelva ha anunciado también su intención de acompañar a la Virgen del Rocío en su camino hasta Almonte, como expresión de amor y devoción a la patrona de Almonte y como gesto de comunión con todo el pueblo que la acompañará durante el traslado. «Quiero acompañar a la Virgen en su camino hacia Almonte como una manifestación de amor y devoción a nuestra Madre. La acompañamos sabiendo que también Ella nos acompaña en nuestro propio camino de la vida y nos conduce siempre hacia su Hijo, Jesucristo», ha señalado Mons. Santiago Gómez Sierra.


El Obispo ha querido subrayar, además, el carácter diocesano de este camino: «Quiero realizar este camino también en nombre de toda la Diócesis de Huelva, llevando conmigo nuestras intenciones y orando por nuestra Iglesia diocesana». En este sentido, ha confiado a la Virgen del Rocío el camino pastoral de la Iglesia onubense, pidiéndole que acompañe a la Diócesis y la ayude «a llevar a su Hijo a nuestra sociedad y a todos los rincones de nuestra provincia».
«Que la Virgen del Rocío nos acompañe siempre y nos enseñe a caminar juntos como Iglesia», ha concluido el Obispo, invitando así a vivir este traslado no solo como una manifestación de devoción mariana, sino también como una experiencia de comunión eclesial y de oración por toda la Diócesis de Huelva.
Comienza la Venida de la Virgen del Rocío a Almonte
Este mismo miércoles, 19 de agosto, la Virgen del Rocío inicia su esperada Venida a Almonte, un traslado extraordinario que se celebra cada siete años.
La Blanca Paloma recorrerá durante la noche del 19 al 20 de agosto los aproximadamente 15 kilómetros que separan la aldea de El Rocío de Almonte, acompañada por sus hijos y devotos en uno de los momentos de mayor intensidad de la tradición rociera.
La llegada de la Virgen a Almonte dará comienzo a un tiempo especialmente intenso de convivencia, oración y celebración en torno a la patrona. Una vez instalada en la Parroquia de Nuestra Señora de la Asunción, la Virgen del Rocío permanecerá en Almonte durante aproximadamente nueve meses, compartiendo la vida cotidiana de sus vecinos y siendo centro de la vida cristiana de la localidad.
Su regreso a la aldea de El Rocío tendrá lugar en la primavera de 2027, coincidiendo con Pentecostés y la Romería del Rocío.




Una Venida en el marco del Año Jubilar Rociero
La Venida de este año se desarrolla, además, en un contexto especialmente significativo por la celebración del Año Jubilar Rociero, que añade una dimensión jubilar a este acontecimiento extraordinario que tiene lugar cada siete años.
La coincidencia del Jubileo con la Venida y con la renovación del Voto del Rocío Chico convierte este 2026 en un año especialmente significativo para Almonte y para todos los devotos de la Virgen del Rocío.
La última Venida tuvo lugar en 2019. Siete años después, la patrona vuelve a su pueblo, donde permanecerá durante nueve meses, en un tiempo llamado a ser vivido desde la oración, la convivencia y la renovación de la fe.
El Obispo de Huelva ha cerrado su homilía invitando al pueblo de Almonte a vivir este acontecimiento con alegría: «Alégrate por tu historia, por el Voto que renuevas, por tus hijos y por los rocieros que vienen de lejos. Alégrate porque tu Madre viene a visitarte».
Y ante el camino que la Virgen está a punto de emprender, ha puesto en labios de todos una oración sencilla: «Santa María del Rocío, Madre de Dios y Madre nuestra, Patrona de Almonte, Reina del Rocío: quédate con nosotros».



Homilía íntegra del Obispo de Huelva
A continuación, se ofrece íntegramente la homilía pronunciada por el Obispo de Huelva, Mons. Santiago Gómez Sierra, durante la Función del Voto de Gracias del Rocío Chico 2026:
«Hermanos y hermanas, amados por el Señor:
Hay días que no necesitan muchas palabras porque hablan por sí mismos, hoy es uno de ellos.
Hoy Almonte tiene el corazón en esta Aldea de El Rocío. Un pueblo entero vuelve a encontrarse con su historia, con sus mayores, con sus raíces, con su fe. Hoy se renueva el Voto que nuestros antepasados hicieron hace más de dos siglos. Se cumple una tradición que no es simplemente recuerdo, sino memoria agradecida. Además, hoy la Virgen del Rocío se dispone a emprender de nuevo el camino a su pueblo, para permanecer nueve meses entre sus hijos almonteños.
Mientras nos disponemos a acompañarla en este camino que tantas generaciones han recorrido, Dios nuestro Padre sale amorosamente a nuestro encuentro con su Palabra, para que vivamos en diálogo con Él esta ocasión que nos ha reunido en torno al altar.
La primera lectura que hemos escuchado es del profeta Sofonías: El Señor está en medio de ti, no temas mal alguno. Estas palabras fueron dirigidas a un pueblo que ha experimentado la amenaza, la prueba y el miedo; al cual se le dice: Dios está en medio de vosotros.
Esta exhortación ilumina de una manera preciosa lo que hoy celebramos. También, el Rocío Chico nació cuando Almonte, en circunstancias por todos conocidas, sufrió la amenaza y la angustia por el invasor. Entonces el pueblo suplicó a Dios, acudiendo a la poderosa intercesión maternal de la Virgen. Después, cuando pasó el peligro, no quiso olvidar, dio gracias e hizo un Voto. Esta promesa se convirtió en memoria viva para las generaciones futuras, como acción de gracias por la salvación alcanzada.
Renovemos hoy con fidelidad creativa el Voto de Almonte a la Virgen del Rocío. Almonte conoce muy bien sus tradiciones rocieras y las conserva con celo. Pero la tradición cristiana no consiste simplemente en repetir. Tradición significa entregar, lo que nosotros hemos recibido tenemos que pasarlo a otros. No podemos guardar el Rocío solamente para nosotros, tenemos que pasarlo a los que vienen detrás. Y quizá esta sea una de las grandes preguntas que el Voto y el traslado de la Virgen pone delante de Almonte: ¿qué Rocío recibirán nuestros hijos?
Responder a esta cuestión nos sitúa ante la gran misión de la Iglesia en nuestro tiempo: la transmisión de la fe. Porque vivimos en una cultura dominante en la que el cristianismo ya no se combate abiertamente, simplemente, se vive como si Dios no existiera, como si Jesucristo nunca hubiera venido al mundo en las entrañas virginales de la Santísima Virgen por obra del Espíritu Santo, como si el Evangelio no tuviera nada que decir sobre la vida cotidiana de las personas.
Y esto nos tiene que hacer pensar también a nosotros. La fe no puede conservarse solo como una costumbre entrañable, como una tradición familiar, como una fiesta hermosa, como una emoción colectiva, pero sin tocar verdaderamente el corazón ni transformar la existencia. La grandeza de nuestra devoción a la Virgen del Rocío no está solamente en los sentimientos, por vivos que sean. La verdadera devoción rociera debe llevar siempre al Evangelio, a los sacramentos, a la caridad, al perdón, al compromiso por la verdad y la justicia y al servicio a los hermanos.
Queridos almonteños: tenéis un tesoro, que muestra su riqueza mucho más allá de los confines del pueblo, a España entera y más allá de nuestras fronteras; como viene sucediendo con la expansión de la devoción a la Blanca Paloma, particularmente, en las últimas décadas. Un tesoro que se guarda en la vida. El mejor modo de testimoniar vuestra devoción a la Virgen del Rocío será que las nuevas generaciones aprendan de sus mayores a rezar, a amar, a perdonar, a servir. Que aprendan que la fe no es una cosa del pasado, sino que se puede ser cristiano hoy, con alegría, con inteligencia, con libertad y con todas las consecuencias.
Volvamos al Evangelio. Cuando narra la Visita de la Virgen a su prima Isabel, está recordando deliberadamente una escena del Antiguo Testamento: el traslado del Arca de la Alianza a Jerusalén (cf 2 Sam 6, 12-19; 1 Cro 15, 1-28). El Arca era el signo de la presencia de Dios en medio de su pueblo. David sube con ella acompañado por todo el pueblo con alegría y júbilo desbordante, entre aclamaciones y al son de trompetas.
En el evangelio san Lucas nos presenta a María entrando en casa de Zacarías. Lleva en su seno a Jesús. Y Juan Bautista salta de alegría en el seno de Isabel.
El paralelismo es precioso. Lo que el Arca llevaba era la presencia de Dios simbólicamente. Ahora, María lleva realmente en sus entrañas virginales al mismo Dios hecho hombre. Por eso Isabel dice: ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?
Hoy Almonte puede hacer suya esa exclamación admirada: ¿de dónde a nosotros que venga a visitarnos la Virgen, la Madre de Dios? ¿de dónde a este pueblo tanta gracia? ¿de dónde esta historia de amor que ha pasado de padres a hijos? ¿de dónde esta emoción que hoy hace vibrar a tantos? La respuesta es sencilla: de la providencia amorosa de Dios con este pueblo.
Dentro de unas horas, la Virgen llegará a Almonte. Habrá lágrimas, campanas, flores y vítores. Habrá almonteños que sentirán que llevan sobre los hombros la memoria viva de sus padres y de sus abuelos. Y habrá rocieros venidos de tantos lugares que sentirán que también la Virgen del Rocío es su Madre. Almonte está dispuesto para recibir a la Virgen con sus calles engalanadas, como si entrara en la catedral más hermosa, efímera en la ornamentación y permanente en el alma de sus hijos almonteños.
María llega a una casa y la transforma. Eso sucedió en Ain Karim en la casa de Isabel y Zacarías. Eso tiene que suceder también en Almonte.
Queridos hermanos: Cuando esta noche el camino se llene de gente, el cansancio apriete, el polvo se levante, los hombros duelan, cuando alguien grite ¡Viva la Virgen del Rocío! y miles de voces respondan, cuando Almonte se estremezca y la emoción haga saltar las lágrimas. Cuando los almonteños digan con su manera tan propia de llevarla que la Virgen es de su pueblo y su pueblo es de Ella…que en medio de ese fervor compartido, cada uno, personalmente, también le diga: Madre, ven a mi casa. Ven a mi familia, a mi matrimonio, a mis hijos, a mis heridas, a mis pecados, a mis preocupaciones, a mi pueblo, a nuestra Iglesia. Y, sobre todo: muéstrame a Jesús, fruto bendito de tu vientre, el Pastorcito Divino.
Hemos escuchado del profeta Sofonías: Alégrate y gózate de todo corazón. Y el Evangelio nos ha mostrado a María llevando la alegría. Por eso, hoy, Almonte, alégrate. Alégrate por tu historia, por el Voto que renuevas, por tus hijos y por los rocieros que vienen de lejos. Alégrate porque tu Madre viene a visitarte. Recibe a tu Reina y Patrona. Llévala con amor, cántale, rézale, llora, grita si el corazón te lo pide y, sobre todo, vive como hijo suyo.
Queridos hermanos: La Virgen está dispuesta a emprender el camino. Almonte la espera. Los caminos están preparados. Los corazones palpitan. Y todos rezamos:
Santa María del Rocío,
Madre de Dios y Madre nuestra,
Patrona de Almonte,
Reina del Rocío:
quédate con nosotros.
Y que Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor,
el Pastorcito Divino,
sea siempre nuestro camino,
nuestra verdad
y nuestra vida. Amén.»







