Domingo XXVII del Tiempo Ordinario – «Ciclo A»

Publicado:
1 octubre, 2026
Comentario al Evangelio de María N. Macías, directora de Cáritas Diocesana de Huelva || Imagen: El hijo de la vid (Le fils de la vigne, c. 1886-1894), obra de James Tissot que se conserva en el Museo Brooklyn

El relato de la parábola de los “viñadores homicidas”, que nos presenta el Evangelio de este domingo, es uno de los más duros que Jesús pronunció. Es un relato contado en el final de la vida pública de Jesús, un tiempo en el que Jesús iba hablando de su final, del final y del destino final para todos.

Jesús invita a escuchar la parábola, hoy es también para nosotros momento de escuchar la Palabra, ya que esta no caduca y está viva, tiene un mensaje actual.

Un señor plantó una viña, la protegió, la surtió de todo lo que se necesitaba para cuidarla, la arrendó a unos viñadores para que cuidaran de ella y se fue de viaje. Llegado el tiempo de la vendimia, los viñadores actúan mal con el dueño de la viña y se niegan a entregarle su parte, llegando a matar a varios de sus criados y hasta a su hijo. Ante esto, se formula una pregunta: ¿Qué hará el dueño de la viña con estos viñadores? Los dirigentes religiosos que escuchaban la parábola dijeron: “Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros viñadores que le entreguen los frutos a sus tiempos”. Jesús les dice: “Por eso os digo que se os quitará a vosotros el Reino de los cielos y se dará a un pueblo que produzca sus frutos”.

¿Qué nos está diciendo esta Palabra hoy a nosotros? Si comenzamos por el final, la primera respuesta es clara, se trata de una parábola en la que se nos llama a dar fruto. Ese que nos llama, Dios Padre, nos ha dado todo lo necesario a cada uno de nosotros para que demos ese fruto en su viña, en la Iglesia. Nuestro Padre, nos ha preparado y nos ha puesto en un lugar en el mundo para anunciar el Evangelio y que se vayan sumando trabajadores a la viña.

En la parábola, se nos habla de como el dueño, arrienda la viña, pudiendo entender en el símil, como nos ha hecho corresponsables de la misión.

Sin embargo, los viñadores además de no cumplir, desprecian e incluso matan a los criados e incluso al hijo del dueño.

Con esta parábola, Jesús denuncia la actitud de los dirigentes del pueblo, quienes despreciaron y aniquilaron a los profetas que Dios les envió; y además, denuncia por anticipado el rechazo que iban a hacer del mismo Hijo de Dios, al cual echarán fuera de Jerusalén y lo matarán, como hacen los viñadores, con el hijo del dueño de la viña.

La parábola no solo denuncia la conducta de los contemporáneos de Jesús, sino también la actitud indiferente e incluso hostil que podemos manifestar los hombres ante la acción de Dios en nuestras vidas. A veces, nosotros mismos nos creemos los dueños, olvidando que la viña no es nuestra, en otras ocasiones no dejamos que otros que se acercan nos traigan la voz de Dios. El Evangelio de este domingo es una buena ocasión para parar y que cada uno de nosotros se mire y vea, con que pecado está impidiendo que la tarea que cada uno tiene en sus manos no esté dando el fruto que tiene que dar. En la familia, en nuestra parroquia o movimiento, en nuestros trabajos, cada uno en el lugar que Dios le ha regalado para servir.

Hay que mirar por otro lado, como esta palabra tiene un mensaje esperanzador, el dueño podría haberse vengado, sin embargo, nuestro Padre no actúa así, espera, perdona, ama, e incluso de la muerte de su hijo, un fracaso a ojos del mundo hace el centro de nuestra vida. La muerte no tiene a última palabra, es la resurrección la que la tiene. Todos nuestros fracasos, nuestros pecados, nuestro no saber hacer, no son el final. “La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular”. En las situaciones de fracaso, debilidad, pecado, Dios sigue derrochándose con nosotros, nos sigue esperando abierto a nuestro arrepentimiento para darnos ese abrazo de Padre.

Feliz domingo a todos.

María N. Macías
Directora de Caritas Diocesana de Huelva

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