El hombre, por sí solo, podía llegar con su razón a conocer la existencia de Dios, pero había un “más allá “de luz y de amor que sólo Dios podía revelarle.
Y Dios ha querido hacernos este regalo, este don: crearnos e invitarnos a participar de su propia Vida. Mostrarnos cómo Él nos ama, mostrarnos el amor en su total pureza, oblatividad y gratuidad. Un amor de comunión de tres Personas Divinas que desde toda la eternidad se aman intensamente, en una plenitud de vida, de alegría y felicidad.
“Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él”.
Ahora bien, el pecado deforma en nuestros corazones la imagen que tenemos de Dios. Su sed infinita de hacernos partícipes de su comunión de amor lo ha llevado a entregar a su Hijo para salvarnos. Ha querido revelarse a nosotros tal cual es en verdad:
* Como Padre de infinita ternura y bondad, que desde toda la eternidad engendra a su Hijo Único como resplandor de su gloria.
*Como Hijo Único y amado, sabiduría del Padre, luz verdadera que ha brillado en nuestras tinieblas, que ha pronunciado en este mundo las palabras del Padre y ha hecho sus obras.
* Como Espíritu que procede del Padre y del Hijo, derramado como un fuego por el Hijo y que abrasa el corazón de los hombres.
Trinidad Santa, que irradia luz sin cesar sobre el corazón del hombre para salvarlo y ofrecerle el don de su presencia, desde ahora.
Esta es la Buena Nueva que Él nos ofrece hoy.
¡Sí, Señor! Para que, conociéndote, podamos amarte, a Ti y a nuestros hermanos.
Pedimos a la Virgen María que nos conceda esta gracia, que es la suya: vivir en una intimidad cada vez más profunda con la Santísima Trinidad. En una unión que es capaz de vencer a la muerte y que nos hace entrar en la plenitud de la Vida verdadera y eterna que solo tú Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, puedes otorgarnos.
Y así podamos ofrecerte nuestra fe y nuestra acogida a tu Palabra.
Hermanas de Belén, de la Asunción de la Virgen y S. Bruno. (Marigenta)






