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«Este es el Misterio de nuestra fe»

Publicado:
6 abril, 2022
La Delegación Diocesana para la Liturgia ofrece estas claves para profundizar en el sentido de las celebraciones litúrgicas en Semana Santa.

Nos dice el Directorio sobre la Piedad Popular y la Liturgia que durante la Semana Santa la Iglesia celebra los misterios de la salvación actuados por Cristo en los últimos días de su vida, comenzando por su entrada mesiánica en Jerusalén. 

Domingo de Ramos en la Pasión del Señor

La Semana Mayor se inaugura con una “Entrada”, la de la Iglesia peregrina acompañando a Cristo que va a padecer y, termina con otra “Entrada”, el paso de la muerte a la vida, que celebramos durante la Vigilia Pascual.

La liturgia del Domingo de Ramos se caracteriza por tener dos partes: la procesión y la Misa, que son dos elementos unidos y dependientes el uno del otro.  

La procesión comienza con el rito de la bendición de los ramos, sigue la lectura del Evangelio que relata la entrada de Cristo en Jerusalén. Este fragmento se toma de Mateo, de Marcos o de Lucas (sinópticos), según el ciclo que corresponda a ese año. En la celebración de 2022 (ciclo C) se proclamará el Evangelio según san Lucas (Lc 19, 18-40). Tras la proclamación del Evangelio se inicia la procesión. Durante la procesión vamos rindiendo homenaje a Cristo, al que aclamamos como Redentor de la humanidad, imitando a aquellos que lo aclamaron como Mesías-Rey. La meta de la procesión es la celebración de la Eucaristía, ya que en ella se actualiza el sacrificio de Cristo.

La liturgia de la Misa insiste en dos aspectos: la Pasión y la Pascua. El primero queda expresado en la lectura de la Pasión (este año según san Lucas). El segundo con la segunda lectura, las oraciones y el prefacio de la Misa. 

Jueves Santo por la mañana

La liturgia contempla dos celebraciones para este día: la Misa Crismal —durante la mañana— y la llamada Misa Vespertina de la Cena del Señor. 

En nuestra diócesis, al igual que sucede en muchas otras, la Misa Crismal se ha trasladado de día para facilitar la asistencia de todos los sacerdotes. Así el Martes Santo en la Misa Crismal concelebra el Obispo y su presbiterio. Es una de las celebraciones en las que se pone de relieve la plenitud sacerdotal del Obispo, que es tenido como gran sacerdote de su grey y como signo y garante de la unión de sus presbíteros con él. Los sacerdotes renuevan ante el Obispo las promesas que hicieron el día de su ordenación, se lleva a cabo la bendición de los óleos y se consagra el crisma. El óleo es aceite de oliva. En cambio, el crisma es una mezcla de aceite de oliva y perfume. La consagración es competencia exclusiva del Obispo. Dentro del rito de consagración destaca el momento en el que el Obispo sopla en el interior del recipiente que contiene el Crisma (crismera) como signo de la efusión del Espíritu Santo. 

En la tarde del Jueves Santo concluye la Cuaresma, justo antes de iniciarse la Misa de la Cena del Señor, que forma parte del Triduo Sacro. 

Triduo Pascual

Las celebraciones de la primera parte del Triduo Pascual (Misa vespertina del Jueves Santo y Oficios del Viernes y Sábado Santo antes de la Vigilia Pascual) deben ser muy sobrias, en cambio la gran Vigilia de la noche santa de la Pascua ha de ser una fiesta desbordante de alegría. El paso de la tristeza al gozo es expresión del tránsito de Cristo de su Pasión y Muerte a su Resurrección. Todas las celebraciones del Triduo Sacro, cada una con sus peculiaridades, forman una unidad. 

Jueves Santo en la Cena del Señor

El Jueves Santo conmemora un triple misterio: la institución de la Sagrada Eucaristía, la institución del sacerdocio y el amor fraterno. La Eucaristía es el centro y raíz de los otros misterios, puesto que los origina y los exige. Este triple misterio queda plasmado con la Misa, la adoración del Santísimo en el monumento y el lavatorio de los pies. La Misa de la Cena del Señor es el centro de la liturgia del Jueves Santo.  La Sagrada Eucaristía nos muestra el Sacrificio de la Alianza definitiva que Dios realiza, en Cristo, con los hombres. 

Las lecturas de la Misa inciden en estas ideas: la Eucaristía es la verdadera pascua (primera lectura y Evangelio) y la continuación de la Ultima Cena de Cristo en la celebración de la Iglesia a lo largo de los siglos (segunda lectura). 

El Lavatorio de los pies es una catequesis sobre la Eucaristía y una parábola en acción sobre el mandamiento nuevo: la Caridad. Cristo ha venido no para ser servido, sino para servir (Mt 20, 28).

La liturgia del Jueves Santo concluye con la reserva del Santísimo en el monumento. Las formas consagradas se reservan para la comunión del Viernes Santo y para la adoración de los fieles. No debemos entender el altar de la reserva (Monumento) como la sepultura del Señor. Es muy apropiado dedicar algún tiempo después de la Misa a la adoración eucarística que, pasada la medianoche, se hará sin solemnidad. 

Viernes Santo en la Pasión del Señor

En este día se conmemora la Pasión y muerte del Señor. La solemne liturgia de este día tiene tres partes: 

La liturgia de la Palabra. En los textos bíblicos se muestra con claridad el carácter salvífico del sacrificio de Cristo, síntesis del Misterio Pascual. La primera lectura habla del Siervo de Yahvé que con su sacrificio expía los pecados de todos (Is 52, 13-53, 12); la segunda lectura nos lleva a la contemplación de Cristo como Sumo Sacerdote y Mediador entre Dios y los hombres, gracias a su sangre redentora (Hb 4, 14-16, 5, 7-9). 

Concluida la homilía se lleva a cabo la oración universal que en el día de hoy tiene un formato muy solemne. Incluye diez grandes intercesiones: la Iglesia, el Papa, los ministros y los fieles, los catecúmenos, la unidad de los cristianos, la conversión de los judíos, la evangelización de los paganos, la de fe de los increyentes, los gobernantes de todas las naciones y los atribulados. La colocación de esta oración después de la lectura de la Pasión, subraya que el fruto de ésta es universal. 

La adoración de la Cruz. Adoramos la Cruz como signo del triunfo de la donación y del amor supremo de Jesús.

La comunión. Se traslada el Santísimo desde el monumento hasta el altar, que previamente ha sido revestido con un mantel. El rito es muy simple y sigue el esquema general de la comunión en la Misa. 

La liturgia del Viernes Santo concluye con una bellísima bendición sobre el pueblo. En ella se resalta la participación del pueblo en la celebración de la muerte del Señor y la espera de su santa Resurrección, ambos acontecimientos forman de manera inseparable el Misterio Pascual. 

Desde la adoración de la Cruz del Viernes Santo y durante todo el Sábado Santo hacemos genuflexión ante la Cruz de Cristo. La reserva del Santísimo se guarda en un lugar digno y privado fuera del templo.

Sábado Santo de la Sepultura del Señor

Por error ha sido definido como un día alitúrgico, pues en él no está permitida la celebración de la Eucaristía. Si bien es cierto que no se celebra la Eucaristía, no existen los días alitúrgicos, pues la celebración de la Liturgia de las Horas del Sábado Santo es una expresión más de la litúrgica de la Iglesia. La Iglesia ayuna el sábado santo de la Eucaristía siguiendo una antiquísima tradición que llevaba a la Iglesia a un prolongado ayuno durante todo el sábado porque “el Esposo le ha sido arrebatado”. Este ayuno concluye con la celebración de la Vigilia Pascual.

Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor (solemnidad de solemnidades)

Vigilia Pascual en la Noche Santa

La reforma de la liturgia realizada a instancias del Concilio Vaticano II ha mantenido los cuatro elementos esenciales de los que se compone la Vigilia Pascual. La breve extensión de este artículo no nos permite abordar cuestiones históricas, pero es inevitable señalar el gran acierto de Pio XII al situar la Vigilia en su hora natural, esto es, durante la noche; con ello y otros matices, el Triduo Sacro recuperó su sentido lógico. 

La liturgia de la luz

La Vigilia Pascual se inicia con la liturgia de la luz o lucernario que se compone de la bendición del fuego, la bendición del cirio, la procesión y el pregón pascual. En esta parte de la celebración destaca el cirio que es considerado no un objeto, sino “una persona”. Es encendido del fuego nuevo para simbolizar la nube luminosa del Éxodo y el Cuerpo Glorioso de Cristo. En el se graban la fecha del año en curso y una alfa y una omega que, significan que Cristo atraviesa todo el tiempo, desde el principio hasta el fin. El cirio encendido simboliza a Cristo resucitado que disipa las tinieblas del corazón y del espíritu.

La liturgia de la Palabra

En ella se leen nueve lecturas, siete del Antiguo Testamento y dos del Nuevo. Nunca se puede omitir la lectura del Éxodo, relativa al paso del Mar rojo (Ex 14, 15-15, 1). Los temas que tratan las lecturas van desde la Creación, pasando por el sacrificio de Abrahán, el paso del Mar Rojo, la nueva Jerusalén, la salvación gratuita y universal, la fuente de la sabiduría, el corazón y el espíritu nuevos, el Bautismo como sacramento pascual donde se nos comunica la salvación obrada por Dios en Cristo y el Evangelio con el relato pascual. Destaca en esta parte el canto solemne del aleluya que se hace por primera vez desde el inicio de la Cuaresma. 

La liturgia Bautismal

La Vigilia Pascual tiene siempre una liturgia bautismal, cuyos elementos son: las letanías de los santos, la bendición del agua y la renovación de las promesas bautismales. En esta parte destaca la oración para bendecir el agua, pues es un bellísimo resumen de la teología bautismal. No menos importante es la renovación de nuestra fe bautismal pues es el centro de nuestra vida cristiana.

La liturgia Eucarística

Es el elemento central de la celebración, como la máxima expresión del Misterio Pascual, en cuanto que se renueva la Muerte y Resurrección de Jesucristo. 

En la mañana de Pascua está permitido celebrar otra Misa que cuenta con un formulario propio. En nuestra diócesis de Huelva la solemne Misa Estacional del Domingo de Pascua concluye con la Bendición Papal impartida por el Obispo. Se trata de un privilegio concedido por el Santo Padre y que cumplidos los requisitos acostumbrados lucra la indulgencia plenaria al que la recibe. 

Delegación Diocesana para la Liturgia

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