La Catedral de Huelva acoge la ordenación sacerdotal de Ángel Fábregas, Manuel Higueras y Marcelo Andrés Zeballos

Publicado:
27 junio, 2026
La ordenación constituye un motivo de esperanza para toda la comunidad diocesana, que continúa rezando para que el Señor siga suscitando nuevas vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada.

La Santa Iglesia Catedral de Nuestra Señora de la Merced ha acogido en la mañana de este sábado, 27 de junio, la Solemne Misa Estacional en la que los diáconos D. Ángel Fábregas Martín, D. Manuel Higueras García y D. Marcelo Andrés Zeballos Villegas han recibido la Sagrada Ordenación Sacerdotal mediante la imposición de manos y la oración consecratoria de Mons. Santiago Gómez Sierra, obispo de Huelva.

La celebración, que ha comenzado a las 11.00 horas, ha congregado a numerosos sacerdotes del presbiterio diocesano, seminaristas, religiosos, familiares, amigos y fieles procedentes de distintos puntos de la diócesis, que han querido acompañar a los nuevos sacerdotes en este momento decisivo de sus vidas y de especial significado para toda la Iglesia de Huelva.

Durante la homilía, el obispo dio gracias a Dios por el don de las nuevas vocaciones sacerdotales y recordó que el ministerio presbiteral es un servicio sostenido por la gracia de Dios y vivido en comunión con toda la Iglesia. Animó a los nuevos sacerdotes a ejercer su ministerio con humildad, cercanía y entrega, evitando la comodidad y el afán de protagonismo, para ser auténticos pastores según el corazón de Cristo.

Asimismo, destacó que la misión del sacerdote consiste en hacer presente a Jesucristo, especialmente mediante la celebración de los sacramentos, el anuncio del Evangelio y el acompañamiento de las personas, con especial atención a los más vulnerables.

En el tramo final de la celebración, el obispo expresó la cercanía y la oración de la diócesis por las víctimas del reciente terremoto en Venezuela y tuvo un recuerdo muy especial para la madre de Marcelo, gravemente herida en un accidente tras su llegada a España para asistir a la ordenación. En nombre de toda la Iglesia de Huelva, transmitió su afecto a la familia y pidió al Señor su pronta recuperación.

Uno de los momentos más significativos de la celebración ha sido el canto de las Letanías de los Santos, durante el cual los candidatos permanecieron postrados en tierra en signo de humildad y total entrega a Dios. Posteriormente, tras la imposición de manos y la plegaria de ordenación, fueron revestidos con los ornamentos sacerdotales y recibieron la unción de las manos con el santo crisma, así como la entrega de la patena y el cáliz, signos de su participación en el ministerio sacerdotal de Cristo.

La celebración concluyó con una invocación a la Virgen María para que acompañe el ministerio de los tres nuevos sacerdotes y los fortalezca en su servicio a la Iglesia.

Desde la Diócesis de Huelva damos gracias a Dios por estos nuevos sacerdotes y encomendamos su ministerio a la intercesión de la Santísima Virgen María, Nuestra Señora de la Cinta, para que sean siempre pastores según el corazón de Cristo.

PRIMERAS MISAS SOLEMNES

  • D. Ángel Fábregas Martín: Domingo 28 de junio, a las 20:00 horas, en la parroquia de Ntra. Sra. de las Angustias de Ayamonte.
  • D. Manuel Higueras García: Domingo 28 de junio, a las 12:00 horas, en la parroquia de Ntra. Sra. de los Dolores de Isla Cristina.
  • D. Marcelo Andrés Zeballos Villegas: Sábado 27 de junio, a las 20:00, en la parroquia mayor de San Pedro de Huelva.

HOMILÍA ÍNTEGRA DEL OBISPO DE HUELVA

Queridos hermanos y hermanas, amados por el Señor:

Nos reunimos hoy como Iglesia diocesana para celebrar con gozo y profunda gratitud los dones que el Señor derrama constantemente sobre su pueblo. Damos gracias a Dios por su fidelidad a la Iglesia, cumpliendo su promesa: os daré pastores, según mi corazón (Jer 3, 15a). Damos gracias por el don de la vocación sacerdotalde Ángel, de Manuel y de Marcelo; por la generosidad de sus familias y de tantasotras que han sabido sembrar la fe en el corazón de sus hijos; por los sacerdotes y por las parroquias que han sostenido sucamino vocacional; y por la comunión en la fe que nos une como único Pueblo de Dios,convocado por el Señor.

Todo don de Dios espera una respuesta libre y agradecida por nuestra parte. Por eso esta celebración es también la ocasión de renovar vuestro compromiso, queridos ordenandos; y nuestra responsabilidad,compartida y diferenciada, como sacerdotes y fieles, como Iglesia diocesana. El Señor sigue llamándonos a todos —pastores y fieles, jóvenes y mayores, familias y comunidades y parroquias— a colaborar en la misión de anunciar el Evangelio y hacer presente su Reino en la historia.

Es hermoso comprobar cómo la Palabra de Dios, que acabamos de escuchar, iluminanla ordenación sacerdotal que estamos celebrando.

El libro de los Números nos ha presentado a Moisés: está agotado, cansado, desbordado. Llega a decirle a Dios: Yo solo no puedo cargar con todo este pueblo, pues supera mis fuerzas (11, 14). Moisés no es un superhombre, habla un hombre en debilidad. Y Dios no responde diciéndole: esfuérzate más, sino que le dice: Tráemesetenta ancianos (v 16), y derramó sobre ellos el Espíritu que había puesto en Moisés, para que se repartan contigo la carga del pueblo y no la tengas que llevar tú solo (v 17b). Así muestra que el Señor que guiar a su Pueblo es obra suya.

Queridos ordenandos, sabed que nadie puede sostener por sí solo el peso de la misión. El Espíritu Santo viene en ayuda de vuestra debilidad. Es Cristo quien os sostendrá a vosotros. No sois vosotros quienes vais a sostener a Cristo y a la Iglesia, es ella quien os sostiene a vosotros, la Iglesia peregrinante y la que está en el Cielo, cuya ayuda vamos a pedir en la letanía de los santos.

También, San Pablo lo ha dicho con una imagen extraordinaria: Llevamos este tesoro en vasijas de barro, para que se vea que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no proviene de nosotros (2Cor 4, 7).

Queridos Manuel, Ángel y Marcelo, vais a ser sacerdotes, con vuestra historia, con vuestros límites, con vuestra humanidad. Seguiréis siendo los mismos, pero por el don que Dios os da también seréis para siempre sacerdotes de Jesucristo, y entonces comenzará la aventura más grande de vuestra vida, dejar que Cristo actúe a través de vosotros.

Y llegamos al Evangelio, Jesús llamó a sus doce discípulos…Estos son los nombres de los doce apóstoles …(Mt 10, 1-2). No eran hombres perfectos, el Evangelio no encubrerasgos poco brillantes su currículo.Tampoco hoy elige a los perfectos. Toma nuestra pobreza y la convierte en un lugar donde hace brillar su gracia, capacitándonos para actuar, nada más y nada menos, que in persona Christi capitis, o sea, representando al mismo Cristo, especialmente, en la celebración de los sacramentos. Él es quien seguirá actuando a través de vosotros cuando bauticéis, cuando perdonéis los pecados, cuando acompañéis a los enfermos y, sobre todo, cuando celebréis la Eucaristía.

Por eso, un sacerdote debe tener siempre presente esta inquietud: ¿cuántos pueden encontrar, conocer, amar e imitar a Jesucristo, para transformar este mundo según Dios y llegar al cielo, a través de mi ministerio? Ese debe ser nuestro afán decisivo, poder decir y desear como San Pablo: con sumo gusto gastaré y me desgastaré yo mismo por vosotros. (2Cor 12,15ª).

Para que este deseo sea verdadero, debemosvigilar vuestro corazón. Porque existe una tentación constante para todo sacerdote y para todos los cristianos en general: acomodarse. La comodidad es una de las formas más elegantes de la mediocridad espiritual. Buscar una vida tranquila en lugar de abrazar la misión.

Pero la Iglesia no necesita sacerdotes acomodados. Necesita pastores. Un sacerdote puede seguir celebrando la misa, predicando, administrando sacramentos y, sin embargo, haber dejado de arder por dentro. Podemos convertirnos enprofesionales, en técnicos de las cosas de Dios, abandonando lánguidamente nuestroentusiasmo apostólico, nuestro celo pastoral. Queridos ordenandos, no os conforméis con una vida sacerdotal correcta. No habéis sido llamados a ser funcionarios eficientes, sino discípulos enamorados del Señor y entregados a los hermanos.

Y junto a la comodidad aparece otra tentación muy contemporánea: la necesidad de aparecer. La obsesión por la imagen. El deseo de ser vistos. La búsqueda constante de reconocimiento. 

Sin embargo, el pueblo de Dios no necesita sacerdotes que brillen. Necesita sacerdotes que iluminen. No necesita protagonistas. Necesita testigos. No necesita sacerdotes convertidos en invitados permanentes de evento en evento, aunque sea bajo capa de actos piadosos. Necesita hombres, pastores,que conozcan el nombre de los niños y de los jóvenes en la catequesis de su parroquia, de los matrimonios, de los ancianos, de losenfermos que visita y acompaña, de sus pobres.

La fecundidad sacerdotal no nace de estar en muchos sitios. Nace de estar verdaderamente presente allí donde Dios nos ha puesto. Un sacerdote que pasa tiempo con sus feligreses, que vive entre ellos, que escucha, que visita, que acompaña, que comparte alegrías y sufrimientos, dará fruto. Porque las personas se convierten cuando encuentran a Jesucristo vivo. Y para eso existe nuestro ministerio sacerdotal, para acercar a las personas a Jesucristo, para decir a quien se siente perdido que sigue siendo amado, paratestimoniar que el egoísmo no es más fuerte que el amor, para anunciar que el pecado,cualquiera que sea, no tiene la última palabra, para proclamar que la muerte ha sido vencida.

La lógica del Evangelio siempre será la de la entrega, y esta se aprende en el altar.Dentro de unos minutos seréis sacerdotes. Y por primera vez vais a pronunciar estas palabras: Esto es mi cuerpo, entregado por vosotros. Esta es mi sangre…derramada por vosotros y por muchos. Habla el Señorde sí mismo por nuestra boca. También, procurad que las palabras de laconsagración expresen la dinámica de vuestra propia vida. Dejemos que la Misadiaria nos convierta. Cada Eucaristía nos enseña a todos qué significa amar, qué significa entregarse, qué significa gastar la vida, qué significa dejar que Cristo viva en nosotros.

Hoy, nuestra acción de gracias no nos hace olvidar el sufrimiento de tantos hermanos. Mientras nosotros celebramos este don para la Iglesia, tantas familias viven horas de angustia a causa del terremoto que ha sacudido Venezuela. Los tenemos muy presentes en nuestra oración. Pedimos al Señor por quienes han perdido seres queridos, por los heridos, por quienes lo han perdido todo y por cuantos trabajan generosamente en las tareas de auxilio. La alegría cristiana nunca es indiferente al dolor del mundo; lo abraza y lo presenta ante Dios con esperanza.

Y nuestra alegría lleva también una herida.La familia de Marcelo ha cruzado el océano desde Chile. para vivir este día llenos de ilusión. Y de manera inesperada, la madre de Marcelo ha sufrido un grave accidente al llegar a España. Su sitio aquí hoy está vacío. Y precisamente por eso está especialmente presente.

Hay momentos en los que no entendemos los caminos de Dios. Momentos en los que la alegría y el dolor se mezclan de una manera que nos desconcierta.

Querido Marcelo, hoy tu madre no puede abrazarte aquí, pero esta Iglesia de Huelva te abraza a ti y a tu familia. Cristo está aquí y está junto a ella en la habitación del hospital. La distancia no impide el amor ytampoco impide la gracia. Pedimos al Señor por la pronta recuperación de tu madre.Pedimos consuelo y fortaleza para tu padre y hermanos. Y pedimos que esta prueba, tan difícil de comprender, quede abrazada por el mismo amor de Dios que hoy te llama para siempre.

Que la Virgen María, Madre de los sacerdotes, os enseñe a decir cada día vuestro «sí» y os acompañe siempre.

Y que Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote, haga de vosotros pastores según su corazón. Amén.

GALERÍA DE FOTOS

Te puede interesar

Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.